martes, 8 de mayo de 2012

DERECHA, IZQUIERDA Y EL DESAFÍO DEL EMPLEO


Guillermo Knochenhaurr / El Financiero
Crear empleo es el más difícil de los compromisos que han asumido los aspirantes a la Presidencia de la República. Ningún gobierno en el mundo ha podido contra el desempleo. Unos atribuyen el fenómeno a los elevados costos de la seguridad social y de los despidos, y otros al bajo crecimiento económico. La derecha prefiere el primer diagnóstico y la izquierda el segundo.
Hay un tercer diagnóstico del problema, y es que desde hace cuatro décadas los desarrollos tecnológicos han aumentado tanto la productividad laboral que la producción de riqueza viene creciendo con menos gente empleada. Ninguno de los candidatos sigue esta perspectiva.
La candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, propone hacer lo que han hecho los gobiernos de derecha en otras partes, que es flexibilizar la ley laboral para abaratar las contrataciones y despidos. Dice que insistirá en la reforma laboral que, según acusa, su adversario del PRI, Enrique Peña Nieto, frenó en la Cámara de Diputados.
En Europa se abarató la creación de plazas de trabajo y se crearon esquemas de empleo temporal y contratos revocables para disminuir costos laborales a los empleadores, tal como lo propone Vázquez Mota. El resultado fue la disminución de los salarios, la mayor precariedad del empleo y la desocupación en aumento.
En la Unión Europea había 20 millones de personas desocupadas en 1996 y hoy se calcula que son 80 millones. El desempleo oficial en Estados Unidos era de casi 10 por ciento de la Población Económicamente Activa en 2011, y de 17 por ciento considerando a las personas que abandonaron toda esperanza de encontrar trabajo. La fórmula no ha creado empleos, pero sí gran temor de los trabajadores en todo el mundo, de perder su trabajo.
Andrés Manuel López Obrador presentó el martes su propuesta laboral con el compromiso "de crear cada año un millón 200 mil nuevos empleos, un total de siete millones durante el sexenio. Esto lo vamos a lograr porque se va a reactivar la economía, vamos a tener tasas de crecimiento de 6 por ciento anual, ése es el objetivo, porque va a cambiar la política económica. Ahora el objetivo va a ser impulsar actividades productivas y crear empleos".
Reactivar la economía y cambiar sus objetivos para crear empleos es mucho más de lo que se puede lograr siendo parte de la economía globalizada, como lo es México, y peor careciendo de un proyecto nacional propio.
El objetivo de la economía global no es crear empleos. Su finalidad es reunir y hacer funcionar, eficientemente, los factores de la producción; el nombre del juego es crear el máximo de riqueza con el mínimo de recursos naturales, capital y trabajo. Para ello se vale de la informática, de las telecomunicaciones y de otros prodigiosos adelantos tecnológicos que vinieron a elevar grandemente la productividad laboral.
En otras palabras, se crean los empleos que requiera la competitividad de las empresas, no los que reclama el crecimiento demográfico de la sociedad. La idea de que el crecimiento de la producción aumenta la oferta de empleos, válida durante décadas, ha quedado invalidada. La economía francesa, por ejemplo, creció 30 por ciento durante la década de 1980, al mismo tiempo que disminuyó 12 por ciento la fuerza laboral empleada.

Jeremy Rifkin, autor de varios libros sobre la transformación del empleo, sostiene que entre 1995 y 2002 la producción industrial global se elevó más del 30 por ciento, y los empleos de fábricas en todo el mundo cayeron más del 11 por ciento promedio.
Hace 40 años, cuando se hizo evidente el cambio tecnológico, se supuso que los puestos de trabajo que se perdieran en la industria y en la producción agropecuaria se recuperarían en el sector servicios. Hoy, sin embargo, puede verse en cualquier rama de ese sector -bancos, transportes, comercio, etcétera- que ahí también avanza la automatización que sustituye puestos de trabajo.
Sin duda se necesita crecer para crear condiciones sociales que permitan hablar de desarrollo capitalista. El problema es que los avances tecnológicos permiten crecer, pero a costa de cancelar empleos que necesita la sociedad.
André Gorz, autor del libro Metamorfosis del trabajo, apunta a una tercera vía para enfrentar el desempleo, consistente en un profundo cambio cultural con relación al trabajo. Propone concebir la mayor productividad como "trabajo economizado".
La idea podría dar lugar a reducir las jornadas laborales, como ya lo hizo el capitalismo entre los siglos XIX y XX, y como lo ensayó Francia, sin éxito, hace algunos años.
La meta está lejana y es imposible, para cualquier economía, sin la concertación global.

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