LEO ZUCKERMANN / EXCELSIOR
En lo personal, el atractivo central del debate
presidencial eran los ataques que recibiría Peña y cómo los contestaría.
Lo demás me parecía secundario porque un debate político es hijo de las
circunstancias de ese momento. El candidato del PRI llegaba como
puntero indiscutible en las encuestas muy alejado de Vázquez Mota y
López Obrador. Era lógico, por tanto, que los candidatos del PAN y de la
izquierda se lanzaran contra el priísta para tratar de cerrar la enorme
brecha que los separa.
Por vez primera durante esta campaña vimos un ataque
conjunto de Josefina y AMLO en contra de Peña. Creo que se tardaron.
Tenían que haberlo hecho antes. Pero, en fin, en el debate finalmente lo
hicieron. El problema es que Peña lo esperaba y tuvo la oportunidad de
prepararse. No hubo, en este sentido, un ataque que sorprendiera al
puntero en las encuestas y, por tanto, el impacto de los golpes fue
menor.
Salvo uno. López Obrador le propinó un gancho al hígado
que supongo dejó viendo estrellitas a Peña. El perredista argumentó que
el priísta era hechura de su tío, Arturo Montiel, ex gobernador del
Edomex, acusado de corrupción. Peña contratacó recordando la corrupción
de René Bejarano cuando AMLO fue jefe de gobierno del DF. Y aquí es
cuando AMLO soltó un golpazo. Le recordó a Peña que no sólo Bejarano
había sido acusado de corrupción sino también su secretario de Finanzas,
Gustavo Ponce, pero que ambos personajes habían ido a parar a la
cárcel. La diferencia, dijo, es que Peña, que fue el equivalente de
Ponce durante la administración de Montiel, estaba ahí debatiendo para
ser presidente. Ese ataque, me parece, sí sorprendió y desequilibró al
candidato del PRI. AMLO estaba sugiriendo que en lugar de estar ese día
en el WTC, Peña debería haber estado en Almoloya junto a Ponce.
En ese momento, López Obrador tenía al priísta en las
cuerdas. Y por increíble que parezca, en lugar de rematarlo, lo dejó de
atacar. No entiendo por qué.
Josefina, por su parte, trató de conectar varios golpes
al priísta. El que, al parecer, más le dolió fue la estadística de que,
durante su gestión como gobernador del Edomex, este estado fue la
segunda entidad más corrupta del país de acuerdo a Transparencia
Mexicana. Peña no supo qué contestar y recurrió al ataque a Josefina por
su récord faltista como diputada.
El candidato del PRI no dejó pasar los golpes. Salió a
defenderse e incluso a atacar. Algunas veces lo hizo mejor que otras
pero, tomando en cuenta que era el que tenía más qué perder, creo que
salió relativamente bien librado del debate. Además, para beneficio de
Peña, salvo el golpe arriba descrito, no le sacaron nada nuevo. Recibió
muchos golpes pero ni Josefina ni AMLO lanzaron una bomba nuclear que
generara un escándalo mayor.
En suma, el que mejor atacó fue López Obrador, a
Josefina le faltó punch y Peña se defendió mejor de lo que se esperaba
de él. (Sobre el cuarto candidato, que muchos creen que ganó el debate,
no hablo porque su candidatura es, como dije ayer, un engaño de la
maestra Elba Esther Gordillo para ponerle una cara bonita a un partido
impresentable).
Un último detalle. Gracias a una invitación del IFE,
asistí al debate en el WTC. Había seis salones separados. En uno estaba
el estudio donde debatieron los candidatos. En otros cuatro espacios
estaban los invitados de cada uno de los candidatos. Y en el sexto se
encontraban las autoridades electorales y sus convidados. Entiendo que
el debate sea en un estudio separado donde sólo entren los candidatos y
el equipo de producción. Pero me parece increíble que no puedan ver un
debate en el mismo salón tanto las autoridades electorales como los
invitados de los cuatro candidatos. Cada quién se fue a verlo con su
tribu. Todos separados. Es una fotografía nítida de la falta de
civilidad que existe entre nuestra clase política nacional: no pueden
ver todos juntos, en el mismo cuarto, un debate presidencial.
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