martes, 8 de mayo de 2012

ATAQUES A PEÑA Y SU DEFENSA

LEO ZUCKERMANN / EXCELSIOR


En lo personal, el atractivo central del debate presidencial eran los ataques que recibiría Peña y cómo los contestaría. Lo demás me parecía secundario porque un debate político es hijo de las circunstancias de ese momento. El candidato del PRI llegaba como puntero indiscutible en las encuestas muy alejado de Vázquez Mota y López Obrador. Era lógico, por tanto, que los candidatos del PAN y de la izquierda se lanzaran contra el priísta para tratar de cerrar la enorme brecha que los separa.
Por vez primera durante esta campaña vimos un ataque conjunto de Josefina y AMLO en contra de Peña. Creo que se tardaron. Tenían que haberlo hecho antes. Pero, en fin, en el debate finalmente lo hicieron. El problema es que Peña lo esperaba y tuvo la oportunidad de prepararse. No hubo, en este sentido, un ataque que sorprendiera al puntero en las encuestas y, por tanto, el impacto de los golpes fue menor.
Salvo uno. López Obrador le propinó un gancho al hígado que supongo dejó viendo estrellitas a Peña. El perredista argumentó que el priísta era hechura de su tío, Arturo Montiel, ex gobernador del Edomex, acusado de corrupción. Peña contratacó recordando la corrupción de René Bejarano cuando AMLO fue jefe de gobierno del DF. Y aquí es cuando AMLO soltó un golpazo. Le recordó a Peña que no sólo Bejarano había sido acusado de corrupción sino también su secretario de Finanzas, Gustavo Ponce, pero que ambos personajes habían ido a parar a la cárcel. La diferencia, dijo, es que Peña, que fue el equivalente de Ponce durante la administración de Montiel, estaba ahí debatiendo para ser presidente. Ese ataque, me parece, sí sorprendió y desequilibró al candidato del PRI. AMLO estaba sugiriendo que en lugar de estar ese día en el WTC, Peña debería haber estado en Almoloya junto a Ponce.
En ese momento, López Obrador tenía al priísta en las cuerdas. Y por increíble que parezca, en lugar de rematarlo, lo dejó de atacar. No entiendo por qué.
Josefina, por su parte, trató de conectar varios golpes al priísta. El que, al parecer, más le dolió fue la estadística de que, durante su gestión como gobernador del Edomex, este estado fue la segunda entidad más corrupta del país de acuerdo a Transparencia Mexicana. Peña no supo qué contestar y recurrió al ataque a Josefina por su récord faltista como diputada.
El candidato del PRI no dejó pasar los golpes. Salió a defenderse e incluso a atacar. Algunas veces lo hizo mejor que otras pero, tomando en cuenta que era el que tenía más qué perder, creo que salió relativamente bien librado del debate. Además, para beneficio de Peña, salvo el golpe arriba descrito, no le sacaron nada nuevo. Recibió muchos golpes pero ni Josefina ni AMLO lanzaron una bomba nuclear que generara un escándalo mayor.
En suma, el que mejor atacó fue López Obrador, a Josefina le faltó punch y Peña se defendió mejor de lo que se esperaba de él. (Sobre el cuarto candidato, que muchos creen que ganó el debate, no hablo porque su candidatura es, como dije ayer, un engaño de la maestra Elba Esther Gordillo para ponerle una cara bonita a un partido impresentable).
Un último detalle. Gracias a una invitación del IFE, asistí al debate en el WTC. Había seis salones separados. En uno estaba el estudio donde debatieron los candidatos. En otros cuatro espacios estaban los invitados de cada uno de los candidatos. Y en el sexto se encontraban las autoridades electorales y sus convidados. Entiendo que el debate sea en un estudio separado donde sólo entren los candidatos y el equipo de producción. Pero me parece increíble que no puedan ver un debate en el mismo salón tanto las autoridades electorales como los invitados de los cuatro candidatos. Cada quién se fue a verlo con su tribu. Todos separados. Es una fotografía nítida de la falta de civilidad que existe entre nuestra clase política nacional: no pueden ver todos juntos, en el mismo cuarto, un debate presidencial.

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