martes, 31 de julio de 2012

UN MODELO PARA SALIR DE LA CRISIS


No se pueden destruir las bases de crecimiento y hay que mantener nuestro modelo social
Muchas veces suelo decir que el momento actual va más allá de una época de cambios, porque lo que estamos viviendo es, sin duda, un cambio de época. La globalización, los avances tecnológicos, el envejecimiento de la población, las nuevas economías que han emergido, el propio concepto de Europa, dibujan un escenario nuevo y cambiante en el que debemos ser capaces de vivir y competir. El escenario es tan complejo que yo, al menos, no tengo claro si esta profunda crisis que estamos padeciendo es el detonante o la consecuencia de los cambios. Probablemente las dos cosas. Pero más allá de divagaciones lo cierto es que este nuevo escenario requiere la puesta en marcha de medidas capaces de situarnos en la mejor posición posible ante los nuevos retos. Una posición que nos permita crecer, crear empleo, y los recursos suficientes para sostener nuestro estado del bienestar.
Esta reflexión la intenté transmitir en el Consejo de Política Fiscal y Financiera del pasado 12 de julio. Allí planteé tres cuestiones. La primera, que la Administración central no puede quedarse con el margen de déficit aprobado por Bruselas. Esto es como decir que los grandes sistemas que definen nuestro modelo social y son prestados por las comunidades autónomas: Sanidad, Educación y Asistencia Social, son prioridades de segundo rango, cuando son estos servicios los más valorados y demandados por los ciudadanos. Esto no es ni justo ni realista. Debería haberse hecho un reparto más en línea con las cargas que asume cada administración.
La segunda, que las medidas adoptadas por el gobierno no son las más idóneas para corregir el mayor de los problemas de la economía española, que es crecer. Y es que ni siquiera van a servir para corregir nuestro déficit estructural. Por un lado, porque profundizan la espiral de recesión: menos impulso público, menos actividad, caída del PIB, caída de ingresos, más déficit acabando en una situación aún peor de la que estábamos. Por otro, porque estamos destruyendo las bases de nuestro crecimiento. La caída de la inversión productiva, en I+D+i, incluso en formación, nos está llevando a ser una economía de segunda categoría dentro del contexto europeo. Por último, porque estamos socavando nuestro estado del bienestar con continuos recortes en sanidad, en educación, en dependencia, en prestaciones. Estamos dinamitando toda la red social que habíamos construido en los últimos treinta años. Y aquí, como en el circo, resulta muy peligroso trabajar sin red.
Soy consciente de la compleja situación que estamos viviendo, y de las grandes presiones que estamos recibiendo de otros países de la Unión Europea. Esto es una consecuencia de la excesiva asimetría que existe entre los diferentes espacios económicos, fiscales y sociales europeos. Y en este contexto plateé la tercera cuestión. Creo que todos estamos de acuerdo en la necesidad de reducir el déficit público, y por tanto de realizar ajustes para conseguirlo. En lo que quizá haya más discrepancias es en los límites de este ajuste, en las líneas rojas que no debemos sobrepasar, y en la construcción del balance fiscal entre los ingresos y los gastos. El problema es que el Programa de Estabilidad del Reino de España plantea un equilibrio fiscal solo reduciendo el gasto, mientras que la presión fiscal se queda estancada, situándose a finales de 2015 en el 32% del PIB, unos siete puntos por debajo de la media de la Eurozona. Es decir, ingresaremos unos 80.000 millones de euros menos que si hubiésemos apostado por una convergencia fiscal con nuestros vecinos, y esto lo haremos a costa de recortar en I+D+i, en infraestructuras, en educación y en sanidad. La crisis fiscal en España es básicamente por quiebra de ingresos, y creo sinceramente que debemos ser capaces de acercar posturas sobre la convergencia fiscal con la Unión Europea, y dar aire al sector público español para que se constituya en el motor del crecimiento económico.
Esta es la postura del Gobierno vasco y el modelo que defendemos. En Euskadi estamos convencidos de que en los próximos años lo que nos estamos jugando es ni más ni menos nuestro modelo económico y social. En el campo económico, un modelo productivo sustentado en el valor más que en el precio. Un valor basado en el conocimiento, la innovación y la internacionalización, por lo que resulta imprescindible seguir aportando recursos públicos a la I+D+i y a la formación, si queremos ser una economía de primera, y no de segunda categoría. Y en el campo social preservar el modelo que hemos ido construyendo a lo largo de los últimos treinta años, y que tan bien valorado resulta para la mayoría de nuestros ciudadanos. No vamos a dejar a nadie a su suerte, y menos a los que han resultado más desfavorecidos por la crisis.
Estamos ante una gran encrucijada. Debemos tener las ideas claras y el Gobierno vasco las tiene. No podemos ni debemos asumir que la situación actual y una gestión muy poco afortunada de la crisis financiera destruya las bases de nuestro crecimiento. De ahí la apuesta por la innovación, la formación, y el apoyo financiero a las empresas y autónomos. Pero tan importante como eso es mantener nuestro modelo social, que es en muchos casos referente en el resto de España, incluso en Europa. Para que esto resulte posible necesitamos de una convergencia fiscal con Europa, porque esta convergencia posibilitará el equilibrio presupuestario y con ello la estabilidad financiera tan necesaria para proporcionar liquidez a nuestra economía a un coste asumible.
Lo más importante ahora es crecer, pero para que ello sea posible resulta necesaria una política común e integrada a nivel europeo, en definitiva, más Europa. Y lo bueno del caso es que Europa tiene los mecanismos para hacerlo. La Unión Europea en su conjunto no presenta desequilibrios graves, sino que estos se producen entre sus diferentes estados miembro. Por tanto resulta factible realizar una política más expansiva como lo hacen EE UU y el Reino Unido, con resultados mucho más satisfactorios que los nuestros.
Yo coincido con Keynes cuando decía que no es buena idea pensar que hundiendo a una economía se va a lograr salvar a las demás. Esto ya pasó en la época entreguerras con Alemania, y la apuesta no salió excesivamente bien. Ahora cometemos el mismo error. Hay una línea de pensamiento financiero en Europa que dice que sometiendo dramáticamente a los países del sur de Europa a un proceso de adelgazamiento se van a arreglar todos los males, y además salir indemnes de esta. Yo soy de los que piensa que todos vamos a salir tocados de esta crisis, el norte y el sur, y que la única manera de minimizar el impacto es a través de una política europea común a favor del crecimiento, utilizando también los colosales resortes que disponemos en materia de política monetaria para preservar a los más débiles de los ataques de los mercados.
Carlos Aguirre es consejero de Economía y Hacienda del Gobierno vasco.

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