Orlando Delgado Selley / La Jornada
Durante 2011 hubo en
Europa dos tipos de cambios de gobierno: la sustitución de autoridades
gubernamentales independientemente de la opinión de los electores en dos
países afectados intensamente por la crisis de deuda soberana, Grecia e
Italia, y la sustitución de gobiernos electos en procesos democráticos,
como en España. En ambos casos, pese a su enorme diferencia de origen,
quienes arribaron al control del aparato gubernamental se propusieron
instrumentar las políticas que demandaban los grandes capitales
financieros internacionales, particularmente los alemanes.
En la primavera de 2012 los procesos electorales en Francia y Grecia
le dieron a los electores la posibilidad de reaccionar frente al pacto
fiscal acordado por el Consejo de Ministros Europeos a finales del año
pasado. En estos dos países los electores han votado en contra de la
austeridad salvaje y han dado la estafeta gubernamental a opciones
políticas que han propuesto con firmeza políticas distintas. Sin duda
hay mucha distancia entre el planteamiento del Partido Socialista
Francés y el del partido Syrisa, de la izquierda radical griega, pero
también hay coincidencias fundadas en el respeto al mandato surgido de
las urnas.En el primer discurso como presidente electo, François Hollande señaló que las prioridades del gobierno socialista serán
la igualdad, la juventud, la justicia social y la reorientación de Europa hacia el crecimiento y el empleo, y añadió que
la austeridad no puede ser una condena. Por su parte, A. Tsiripas, líder de la izquierda radical griega, segunda fuerza más votada, advirtió que en el caso de que pueda formar gobierno aprobará una moratoria para el pago de la deuda griega, revertirá
todas las políticas hostiles hacia los trabajadoresy estatizará los bancos griegos.
Por supuesto hará falta que la izquierda socialista francesa gane con cierto margen las elecciones legislativas de junio próximo para que el apoyo electoral al planteo de una política económica orientada hacia la equidad y el crecimiento se traduzca en medidas concretas en ese país y en una nueva correlación de fuerzas en Europa, que ponga en el centro esos mismos valores fundamentales. En Grecia, la posibilidad de que el Syrisa logre formar gobierno se ve muy difícil, de modo que hará falta un nuevo proceso electoral para que sus propuestas puedan concretarse.
Sin embargo, el énfasis en Europa parece transitar del
convencimiento erróneo de las fuerzas que gobiernan de que la austeridad
crea confianza y que eso estimula el crecimiento, lo que ha demostrado
ser falso, a la noción de que el crecimiento no ocurrirá en ausencia de
una política fiscal que lo promueva expresamente. Este replanteo implica
reconocer que el problema está en las decisiones tomadas por quienes
dirigen la Europa del euro, no en la maquinaria económica. En
consecuencia, puede corregirse con otras decisiones políticas fundadas
en los principios que animaron la construcción del proyecto unitario
europeo.
Como señala el premio Nobel Paul Krugman en su nuevo libro Detener la recesión ya:
El camino apenas se vislumbra. Pudiera incluso cerrarse rápidamente. Lo cierto, sin embargo, es que Europa está hoy mejor que ayer y esto no es poca cosa. De entrada, parece que se relajará la exigencia hasta 2014-15 para alcanzar la llamada regla de oro, el déficit fiscal de 3 por ciento del PIB. España podrá tener un respiro, en el que se atienda el reclamo sensato de las grandes centrales sindicales, gracias al electorado francés y griego. Dependerá, por supuesto, de la sensibilidad política de Rajoy. Pero dependerá más de la capacidad de resistencia de sus jóvenes, que celebran un año de haber expresado su indignación.
Como señala el premio Nobel Paul Krugman en su nuevo libro Detener la recesión ya:
En términos estrictamente económicos esta crisis no es difícil de resolver; podríamos tener una recuperación rápida y robusta si pudiéramos encontrar la claridad intelectual y la convicción política para actuar. Se trata, debe insistirse, de un problema estrictamente político, no de algo técnico. Se trata de que los que toman decisiones lo hagan a partir de una consideración fundamental: no puede castigarse a poblaciones que no son responsables de un desastre causado por un sistema bancario desregulado. No puede actuarse para favorecer al 0.01 por ciento de la población castigando al 99.99.
El camino apenas se vislumbra. Pudiera incluso cerrarse rápidamente. Lo cierto, sin embargo, es que Europa está hoy mejor que ayer y esto no es poca cosa. De entrada, parece que se relajará la exigencia hasta 2014-15 para alcanzar la llamada regla de oro, el déficit fiscal de 3 por ciento del PIB. España podrá tener un respiro, en el que se atienda el reclamo sensato de las grandes centrales sindicales, gracias al electorado francés y griego. Dependerá, por supuesto, de la sensibilidad política de Rajoy. Pero dependerá más de la capacidad de resistencia de sus jóvenes, que celebran un año de haber expresado su indignación.
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