domingo, 26 de septiembre de 2010

EL ORO SE ENVALENTONA

El precio del metal toca la cima de los 1.300 dólares
El temor y la debilidad del dólar favorecen el repunte
George Soros advierte de una burbuja pero aún puede aumentar
El precio del metal ha subido un 17% desde que comenzó el año
AMANDA MARS - EL PAÍS
El juego de la Bolsa y la inversión fue descrito por John Maynard Keynes de una forma sencilla: es lo mismo que apostar en un concurso de belleza en el que se tiene que seleccionar a las seis caras más bellas de entre 100 fotografías y se lleva el premio aquella persona cuya selección más se ajuste a la del grupo en conjunto. El gran jugador no se basará en los criterios de belleza de los protagonistas de las imágenes, sino que tratará de averiguar cuáles son los rostros de los que se va a encaprichar el resto de participantes. Con la persistente incertidumbre y la debilidad del dólar de los últimos días, la comunidad inversora ha escogido el oro como una de esas caras bonitas en las que fijarse. Apenas se utiliza más que para atesorarlo o invertir, pero su tradicional componente de inversión refugio reluce en las crisis.
La onza del metal precioso, unos 31 gramos, quedó el pasado viernes en 1.296 dólares, después de haber llegado a tocar la psicológica frontera de los 1.300 dólares por primera vez. Se trata de récords nominales, pero no reales, porque si uno cuenta el efecto de la inversión, el máximo histórico al que llegó el precio del oro fue en 1980. Después pasaron casi 20 años a la baja. Aquel 1980 el metal alcanzó los 873 dólares por onza y para superarlo hoy día, en términos reales, debería superar los 2.400 dólares.
Las cotas de esta semana, con todo, significan un incremento del precio del 17% desde que comenzó el año y del 30% respecto a la misma fecha de 2009. El metal, aun así, no ha estado exento de volatilidad en el último año, con un importante descenso entre febrero y abril.
El empujón del precio de los últimos días se ha visto alimentado por el discurso de la Reserva Federal de esta semana, que abrió la puerta a una nueva relajación en la política monetaria. Cuando el dólar baja, el oro tiende naturalmente a subir porque cotiza en la moneda americana. Además, el miedo a la inflación futura también suele atraer inversión a los metales preciosos. Y la confianza en la buena marcha de recuperación económica estadounidense flaquea.
Juan Ignacio Crespo, director europeo de Thompson Reuters, recalca que no hay una sola explicación para la carrera que lleva el metal precioso, que ha multiplicado su precio prácticamente por cinco desde 2002. "Desde el máximo que alcanzó el pasado diciembre, estuvo bajando y ahora ha recuperado ese camino, y ha subido algo más. Lo que hay en el mercado es dinero corriendo que se coloca en diferentes inversiones y una parte va al oro", apunta.
La trayectoria del último año, como todo rally, desprende aroma de burbuja, pero dista mucho de lo que ocurrió a finales de los setenta. El tiburón financiero George Soros dio una de cal y otra de arena el pasado miércoles al hablar de esta materia prima: "Lo llamé burbuja, y eso significa que puede subir más. Pero desde luego no es un valor seguro, y no va a seguir así siempre". Soros ya habló de esta "burbuja" en enero, pero, mientras dura, quiere sacar provecho. Su fondo, Soros Fund Management, ha estado invirtiendo en fondos de este sector y en compañías mineras en el último año.
Ha habido un cambio de actitud hacia este metal también desde los bancos centrales. Después de 20 años de una política de ventas alta, el año pasado las compras declaradas de India, China y Rusia se combinaron con el freno a las ventas de los bancos europeos. La cuestión es cuánto durará la fiesta. Philip Klapwijk, presidente de la consultora especializada en metales preciosos GFMS, cree que el oro puede incluso superar esa barrera simbólica de los 1.300 euros, pero "el mercado cree que el metal ya ha subido mucho y verá pronto un tope".
De momento, hay calentura. Una empresa alemana planeando el año pasado instalar 500 máquinas de venta de lingotes y monedas de oro en Alemania, Austria y Suiza como si fueran chocolatinas. Y otra ya ha instalado una en un hotel de Madrid.

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