Guillermo Knochenhauer / El Financiero
La
reforma hacendaria vuelve a ser tema de atención de las fuerzas políticas y hasta
de las empresariales del país, entre otras razones porque las promesas de
campaña de Enrique Peña Nieto suponen una fortaleza fiscal que no
existe.
Todo
mundo está de acuerdo en la necesidad de hacer arreglos a la hacienda
pública, pero no en dónde poner énfasis y ser más estricto, si en el lado de
los ingresos o del gasto.
Hay que
tomar en cuenta que durante el gobierno de Felipe Calderón, igual que en
el de Fox, hubo ingresos extraordinarios por altos precios del petróleo y
por endeudamiento que sólo sirvieron para que la deuda y el gasto público
crecieran más que el empleo y la economía.
Significa que aunque los ingresos son insuficientes, el problema principal está en la ineficaz asignación del gasto. Las causas de esa ineficacia van desde la falta de brújula de las políticas públicas, que conduce a grandes desperdicios, a la opacidad con que se asignan recursos en la que se esconde demasiada corrupción.
Significa que aunque los ingresos son insuficientes, el problema principal está en la ineficaz asignación del gasto. Las causas de esa ineficacia van desde la falta de brújula de las políticas públicas, que conduce a grandes desperdicios, a la opacidad con que se asignan recursos en la que se esconde demasiada corrupción.
La salud
fiscal de la economía depende de la armonía con que se muevan el PIB, el
gasto público y la deuda. Si el gasto y el endeudamiento crecen más que el PIB,
la situación es mala.
Así ha caminado el gobierno durante los últimos 12 años. Tanto el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) como los requerimientos financieros para cubrir la deuda pública total han crecido más rápidamente que el PIB.
Así ha caminado el gobierno durante los últimos 12 años. Tanto el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) como los requerimientos financieros para cubrir la deuda pública total han crecido más rápidamente que el PIB.
El PEF
creció en 187 por ciento de 2000 a 2011, los requerimientos financieros lo hicieron en 167
por ciento y el PIB sólo aumentó 120 por ciento. Es decir, los últimos dos
gobiernos han elevado su gasto a partir de mayor endeudamiento, no de mayores
ingresos.
Para elevar el gasto público más allá de lo que le permitían los ingresos fiscales, el gobierno de Calderón recurrió a un endeudamiento que ha crecido más rápidamente que cualquier otro factor económico, lo cual compromete la supuesta salud macroeconómica de su gobierno.
Para elevar el gasto público más allá de lo que le permitían los ingresos fiscales, el gobierno de Calderón recurrió a un endeudamiento que ha crecido más rápidamente que cualquier otro factor económico, lo cual compromete la supuesta salud macroeconómica de su gobierno.
En 2006
la deuda pública equivalía al 18.4 por ciento del PIB y en marzo de 2012 ya era
equivalente al 33.1 del PIB (23 por ciento deuda interna, 10.1 por
ciento externa), según las cuentas de la Secretaría de Hacienda.
Las
cuentas del Banco de México incluyen otros pasivos, como los del Fobaproa-IPAB,
el IMSS, los de Pemex y llega a un "Saldo de los Requerimientos
Financieros" que a junio de 2011 equivalía al 35.4 por ciento del
PIB, 600 mil millones de pesos más de lo que reconoce Hacienda.
El hecho
es que el gobierno de Calderón -y el de Fox- contó con recursos extraordinarios
del petróleo, con los del endeudamiento y hasta con ganancias por variaciones
en la paridad monetaria, y la economía familiar y del país permaneció en un
virtual estancamiento.
Un resultado es que la mitad de los mexicanos padece algún grado de pobreza y una cuarta parte sufre pobreza extrema.
Un resultado es que la mitad de los mexicanos padece algún grado de pobreza y una cuarta parte sufre pobreza extrema.
El
próximo gobierno federal administrará un gasto de 3.7 billones de pesos
el primer año. Podría contar con ingresos más sanos si reduce la evasión y los privilegios
fiscales, pero sobre todo tendrá que evitar desperdicios y corrupción.
La asignación de los recursos depende del proyecto país que le dé sentido a las
políticas sectoriales. Lo conveniente sería superar la perspectiva de que el
país no tiene mejor destino que su plena integración a Estados Unidos, pero ese
es otro tema.
Si hubiera voluntad de corregir desperdicios y corrupción, se podrían ahorrar cientos de miles de millones de pesos. El ingeniero José Luis Apodaca Villarreal, miembro fundador del Observatorio Ciudadano de la Energía, A.C., ha identificado varios rubros en Pemex y CFE que representan un potencial de ahorro de 316 miles de millones pesos anuales (www.energia.org.mx/tag/jose-luis-apodaca).
Cito sólo dos: la deuda de CFE y de Pemex contratada bajo el esquema Pidiregas, a tasas anuales de 12.5 por ciento. Si se renegociara esa deuda con créditos al 5 por ciento anual, habría un ahorro de 120 mil millones de pesos al año.
Si hubiera voluntad de corregir desperdicios y corrupción, se podrían ahorrar cientos de miles de millones de pesos. El ingeniero José Luis Apodaca Villarreal, miembro fundador del Observatorio Ciudadano de la Energía, A.C., ha identificado varios rubros en Pemex y CFE que representan un potencial de ahorro de 316 miles de millones pesos anuales (www.energia.org.mx/tag/jose-luis-apodaca).
Cito sólo dos: la deuda de CFE y de Pemex contratada bajo el esquema Pidiregas, a tasas anuales de 12.5 por ciento. Si se renegociara esa deuda con créditos al 5 por ciento anual, habría un ahorro de 120 mil millones de pesos al año.
Cada año,
dice el ingeniero Apodaca, Pemex asigna contratos a empresas en su
mayoría extranjeras por 270 mil millones de pesos. Él estima en 20 por
ciento el cohecho sobre el costo de las obras. Para eliminarlo, con un ahorro
anual de 54 mil millones de pesos, bastaría referir los contratos a las
cotizaciones internacionales para evitar, por ejemplo, que en la perforación de
cada pozo de gas natural en la Cuenca de Burgos, las transnacionales le cobren
a Pemex el doble de lo que se paga en Texas.
Hay mucho
más de dónde recortar desviaciones del PEF y muchas posibilidades de
convertirlo en palanca de inversiones públicas y privadas, con equilibrio entre
gasto, endeudamiento, crecimiento y estabilidad de precios. Ninguna reforma
hacendaria será eficaz si no se pone el acento en el destino del gasto.
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