El
herbicida tóxico ha causado cáncer, diabetes, linfomas y malformaciones a
millones de asiáticos
David Alandete Washington / El País
Nguyen
Thi Hong Van, de 11 años y supuesta víctima del 'agente naranja', con su madre
en su casa de Danang. / HOANG DINH NAM (AFP)
Hace 51
años, el Ejército norteamericano comenzó a rociar los frondosos valles y las planicies del centro y el sur de Vientam
con 75 millones de litros de un herbicida poco conocido hasta entonces, con la
intención de arrasar los campos que podían ofrecer refugio al Vietcong. El
Agente Naranja, fabricado por químicas como Monsanto y Dow Chemical, resultó
contener una dioxina extremadamente dañina, que ha provocado en los humanos
cánceres, diabetes, linfomas y malformaciones. Sólo ahora, millones de
enfermedades y muertes después, Estados Unidos ha comenzado la limpieza de unos
eriales que aun son tóxicos.
Las
operaciones de limpieza comenzaron el jueves en la ciudad de Danang. Durarán
cuatro años y costarán 43 millones de dólares, según el Departamento de Estado
de EE UU. En los diez años en que se empleó, el Agente Naranja del Pentágono
arrasó dos millones de hectáreas, y afectó también a Camboya y Laos. Los
norteamericanos emplearon concentraciones de dioxinas hasta 55 veces superiores
a las normales, de ahí sus devastadores efectos sobre la salud. Hasta los años
90, sin embargo, el Gobierno de EE UU no reconoció formalmente los efectos
nocivos del químico.
Una
bandera marca una zona contaminada de 'agente naranja'. / DIARIO
TUOITRE (EFE)
Por aquel
entonces, los estragos entre los vietnamitas eran ya obvios: cánceres,
dolencias respiratorias, quemaduras, abortos, fetos deformes y malformaciones.
Pero tuvieron que ser los soldados norteamericanos que prestaron servicio en
Vietnam los que obligaran a Washington a reaccionar. Primero, 15.000 soldados
demandaron a los fabricantes del producto, y lograron, en 1984, un acuerdo
extrajudicial de 180 millones de dólares. Posteriormente, el Congreso autorizó al Departamento de Veteranos del Gobierno a que indemnizara a los 4,2
millones de soldados que sirvieron en zonas donde se empleó el químico, si
presentaban secuelas.
Según
dijo en una investigación judicial de 1983 Henry Kissinger, asesor de seguridad nacional de
Richard Nixon, fue este
presidente quien dio la orden final de dejar de emplear el herbicida en 1971,
desautorizando a la cúpula militar del país, que quería seguir con su uso. El
general William Westmoreland, comandante de las tropas de EE UU en Vietnam
hasta 1968 dijo también en esa investigación que el Agente Naranja se empleó
con profusión “porque el enemigo creía el mito de que podía ser nocivo para su
salud, y se mantenía alejado de él”. Aquella fue postura oficial de los oficiales
del Gobierno norteamericano durante muchos años: el Agente Naranja era para
ellos un herbicida, inocuo hasta que se demostrara lo contrario.
Cruz Roja
estima que hay un millón de vietnamitas que viven con las secuelas de esa
dioxina, y que 100.000 de ellos son niños con malformaciones. En la pasada
década, esa organización de ayuda ha tratado a más de 660.000 personas con
secuelas causadas por el Agente Naranja. Muchas zonas han sido limpiadas,
progresivamente, por Hanoi, pero aun queda una veintena de bases y puestos
norteamericanos, hoy abandonados, que siguen altamente contaminados. Entre
ellos, parte del aeropuerto de Danang.
En los
próximos cuatro años, los grupos de limpieza retirarán sedimentos de las zonas
contaminadas, para luego someterlos a un tratamiento de desorción térmica,
exponiéndolos a temperaturas extremas para provocar la evaporación los
químicos, según ha explicado la embajada norteamericana en Hanoi. Danang, con
más de 800.000 habitantes, es una de las mayores ciudades de la costa central
de Vietnam. Se calcula que hay en ella 11.000 personas con discapacidades,
muchas relacionadas con el Agente Naranja.
“La
dioxina en este suelo es un legado del pasado tan doloroso que compartimos”,
dijo el jueves en un discurso en Danang el embajador norteamericano en Vietnam,
David B. Shear. “Pero el proyecto que iniciamos aquí y ahora, mano a mano con
los vietnamitas, es un símbolo del futuro esperanzador que estamos construyendo
de forma conjunta. Ambos estamos avanzando y dando los primeros pasos para
enterrar el legado de nuestro pasado”.
En 2004,
un grupo de ciudadanos vietnamitas presentó una demanda civil en los juzgados de Nueva York contra químicas como
Dow, Monsanto o Hercules, que le vendieron el Agente Naranja al Pentágono, por
considerarlas cómplices en crímenes de guerra. El juez, Jack Weinstein, la
desestimó al año siguiente, al considerar que vender químicos no suponía un
crimen de guerra, y que además el herbicida se había diseñado específicamente
para defoliar, no para afectar a la población. En aquel caso, los efectos
colaterales, aun en su gravedad, no se consideraron suficientes para encontrar
culpables.


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