miércoles, 26 de mayo de 2010

EL DICHOSO MERCADO INTERNO

Alejandro Villagómez / El Universal
Se ha dicho hasta el cansancio que nuestro crecimiento depende fundamentalmente de lo que suceda en el mercado externo, léase Estados Unidos, ya que el mercado interno es poco dinámico y difícilmente podría sustituir una contracción en el externo

Sin embargo, como sucede con otros conceptos, es probable que aunque muchos coincidan con esta aseveración algunos tengan en mente cosas distintas o no se entienda exactamente a qué se refiere. Valdrían la pena algunas reflexiones, teniendo en mente que lo que nos interesa es saber si efectivamente podemos esperar algo de este mercado interno, en qué tiempo y qué habría que hacer para lograr un mayor impacto.
Un punto de partida es pensar en los dos componentes tradicionales de cualquier mercado, en este caso el interno. La oferta y la demanda agregadas. Cuando nos referimos a la primera podríamos pensar en algo tan simple como el alcanzar la mayor producción posible de bienes y servicios para consumo interno. Esto es, conceptos como mayor diversidad, mejor calidad, menores costos y precios, etcétera. Esto no es nuevo. Tiene que ver con políticas que permitan mejorar la productividad en los procesos productivos; mejorar el marco institucional y de regulación que propicien la competitividad, el respeto a los derechos de propiedad y garantice los incentivos adecuados entre los participantes para reducir o eliminar prácticas rentistas. Sin embargo, la mayoría de estos cambios requieren de tiempo en la medida que afectan muchas estructuras profundas y grupos de poder. Son procesos graduales cuyos efectos e impactos se ven sólo después de lapsos relativamente largos. Esto es característico de aquellas acciones que buscan incidir por el lado de la oferta. Tampoco es nuevo mencionarlos, pues desde hace tiempo se ha insistido en ellos y urge realizarlos. Es un paso crucial si queremos mayor crecimiento y bienestar en el mediano y largo plazos. Pero debe quedar claro que en el corto plazo poco contribuirán para reanimar al mercado interno. Recuerden que estamos pensando en términos de qué hacer para reactivar a este mercado en los próximos meses.
También hay que reconocer que en lo inmediato el problema no está del lado de la oferta. Recordemos que estamos saliendo de una profunda recesión caracterizada por una contracción sustancial en la demanda agregada. En estas condiciones, el producto debiera estar determinado por la demanda en el corto plazo, por lo que habría que analizar el comportamiento esperado de los componentes de esta demanda. Como ya lo hemos mencionado, las exportaciones son las que han cargado con la mayor parte, como lo muestran los últimos reportes de la balanza comercial. Al gasto público lo dejo de lado porque ya sabemos que la política fiscal en nuestro país se guía por una regla de presupuesto balanceado (aunque se haya permitido un pequeño déficit temporal). Sin una verdadera reforma fiscal y una racionalización real en el uso de estos recursos, no existe margen para un mayor gasto. Se podría cambiar la regla fiscal, por ejemplo, a una de balance estructural, pero esa es harina de otro costal.
Quedaríamos con el gasto privado, consumo e inversión. Este último es poco probable que muestre cambios importantes en el corto plazo por distintas razones. En algunos sectores seguramente existe capacidad instalada en exceso mientras que otro problema es el financiamiento. Es de sobra conocido que en México, el crédito bancario ha tenido un pobre papel y buena parte de los recursos provienen de proveedores, desde antes de la crisis.
Sí me parece destacar que, desde mi perspectiva, el efecto desplazamiento provocado por la mayor inversión pública juega un papel menor en nuestro país en las condiciones actuales. Este punto habrá que discutirlo con más detalle en el futuro.
Esto nos deja con la variable consumo privado, que por cierto representa más de la mitad del PIB. En otros países, las expectativas de una reactivación en el corto plazo han descansado en este consumo. Por desgracia, en México no está claro que éste sea un expediente optimista. Es cierto que existen más de 100 millones de mexicanos, pero hay elementos que juegan fuertemente en sentido contrario para hablar de un gran mercado. Tenemos muchos mexicanos en pobreza (patrimonial) que no podrían aportar a un mayor dinamismo en el consumo. En 2008 habían aumentado a 50.6 millones y para el cierre de 2009 probablemente se agreguen otros 5 millones si consideramos la información del indicador de la tendencia laboral de la pobreza publicado por el Coneval. Pero además tenemos una de las peores distribuciones del ingreso en América Latina y el salario real ha disminuido en los últimos meses, como lo muestran algunos indicadores recientes.
En todo caso, es probable que el ingreso se haya deteriorado para otra parte importante de la población, ya que a pesar de que se mencionan aumentos en el empleo formal, la tasa de desempleo aún es alta y la calidad de los nuevos empleos es menor, lo que se refleja en los ingresos laborales. Podría seguir mencionando otros factores, pero la falta de espacio me lo impiden.
Lo que debe quedar claro es que no existe mucho margen para observar un mayor dinamismo del consumo privado, por lo que en el corto plazo parece que poco podemos esperar de una mercado interno más dinámico. ¿Esto quiere decir que sería bueno prender algunas veladoras y esperar a que no ocurra una desaceleración en la economía estadounidense?

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