miércoles, 20 de julio de 2011

ANTE LOS MERCADOS (II)

Julio Anguita / elEconomista.es
No conozco ningún estudio acerca del origen y entidad de los capitales que bajo distintas formas, denominaciones y sistemas van de un lugar a otro del mundo en busca de rentabilidad segura e inmediata. La libertad y la movilidad -prácticamente ilimitadas- con que se mueven estos activos financieros pueden inducir a creer que la entidad de los mismos tiene un origen en alguna galaxia monetaria desconectada de la realidad y de la cotidianeidad.
¿Cómo se invierten y administran los fondos que los ahorradores dedican a sus pensiones privadas? ¿Cuál es el monto aproximado y el origen sociológico de las cantidades que conforman los distintos fondos de inversión?
Es bien cierto que la oscuridad y el hermetismo de los paraísos fiscales puede ser la tapadera de especulaciones dine- rarias en clara conexión con el narcotráfico y con la venta de armas. Pero, ¿qué parte de las citadas operaciones tiene un ciclo exclusivamente alimentado por los inversores y traficantes habituales en semejantes actividades? ¿Cuál es la cuantía de los fondos dedicados a inversiones en la economía productiva en sus distintas manifestaciones?
Está claro que los tenedores de acciones, de bonos, de deuda y de cualquier otro tipo de inversión a través de la banca, de la bolsa o de cualquier otro agente, buscan rentabilidad sin exigir ni exigirse garantías acerca de los fines, métodos o vericuetos por los que sus fondos caminan en esa jungla de intereses.
El anonimato de los inversores no los exculpa de las jugadas financieras o de los destinos de sus capitales ni tampoco de las víctimas que las jugadas especulativas suelen producir. La cultura propia del rentista está en la base de esta opción de capitalismo.
No solamente hay que emplear instrumentos políticos sobre los agentes financieros y sus ámbitos opacos. Es indispensable y urgente una regeneración de valores y de objetivos económicos. Se impone otra actitud cívica.
Julio Anguita. Excoordinador de IU.

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