jueves, 28 de octubre de 2010

OTRA VEZ SOBRE LAS PERCEPCIONES

Orlando Delgado Selley / La Jornada
Nuevamente Calderón ha planteado que, independientemente de los problemas, salimos del periodo recesivo, quejándose que pese a haber salido "de esa parte del túnel", en la percepción colectiva "seguimos viviendo una crisis o, incluso, que es prácticamente imposible salir de ella". Para él, nuestro problema es que percibimos incorrectamente la realidad. Los mexicanos no somos, sin embargo, los únicos que tenemos la percepción de que la crisis persiste: en Corea los ministros de finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del G-20 firmaron un comunicado señalando: "debemos enfrentar cabalmente los desafíos económicos actuales".
Esos ministros firmantes, entre los que están Cordero y Carstens, advertían que aunque la recuperación económica se mantiene, lo hace con fragilidad y desequilibradamente. Los riesgos, aunque varían entre los países, persisten en todos lados, lo que hace necesario actuar coordinadamente para lograr un crecimiento fuerte, sostenible y balanceado. En la próxima Cumbre de Seúl, el G-20 deberá acordar un plan integral para reducir los riesgos y hacer posible alcanzar el objetivo de un crecimiento sostenible. El mundo, pues, percibe que las cosas no van bien, no sólo los mexicanos.
Calderón también dijo que salimos de la crisis evitando la tentación de aumentar el déficit fiscal, razón por la que –según él– están postradas varias economías. Los países que no evitaron esa "tentación" lograron que las caídas del producto fueran contenidas. Sucumbir a esa "tentación" implicó que la recesión mundial se detuviera luego de 18 meses. El gobierno, al evitar la tentación, permitió que la caída del PIB en 2009 fuera de las mayores del mundo. De haber hecho lo que Calderón hizo, la recesión no sólo se mantendría sino que se hubiera profundizado.
La insistencia del gobierno panista en que no percibimos adecuadamente, es equivocada. No es que percibamos mal, es que no aceptamos sus engaños. A su reiteración de que en este año se han creado 780 mil nuevos empleos, aunque eso sea cierto, el problema del desempleo no sólo persiste sino que se ha ampliado. Utilizando la información del portal de la Secretaría del Trabajo puede encontrarse que en septiembre de este año los trabajadores registrados en el IMSS fueron 14.70 millones y un año antes habían sido 14.53 millones, así que apenas se han recuperado los empleos perdidos, más unos cuantos adicionales.
Desagregando esos trabajadores registrados entre permanentes y eventuales, vemos que mientras en septiembre de 2009 el 88.2 por ciento era permanente en 2010 esa proporción se redujo a 86.9, 41 mil 595 trabajadores permanentes menos. Los puestos recuperados no son de la misma calidad. Además, si atendemos a la evolución de la tasa de desempleo se aprecia que en septiembre de 2009 esa tasa fue de 4.25 por ciento y un año después fue de 5.70. Así que quienes tienen una percepción equivocada no somos nosotros, son los funcionarios del gobierno.
Y cuando un gobierno que cuenta con la información se equivoca, a esa equivocación se le llama engaño. El gobierno intenta engañarnos, pero no lo consigue. La percepción generalizada es correcta: las consecuencias de la crisis persisten en la mayor parte de la población, las dificultades para encontrar empleo han aumentado, particularmente para los jóvenes con preparación y aún es más grave la situación para las mujeres. En general, la economía tiene un desempeño mediocre.
Los gobiernos panistas, además, desperdiciaron brutalmente los excedentes petroleros. Es inconcebible, ha dicho Guillermo Ortiz, lo que hemos hecho con el tema energético. Es cierto, pero lo que no dijo es que no es la primera vez: los priístas ya lo habían hecho en los años setenta y ochenta. El fracaso nacional es el fracaso de los grupos que han conducido al país: priístas y panistas han fracasado y, con ello, han permitido que el país esté el borde del colapso. El diagnóstico para superar este fracaso está hecho. Lo que hace falta es actuar en consecuencia y eso no lo podrán hacer quienes han fallado. Requerimos obligadamente nuevas opciones.

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