viernes, 22 de octubre de 2010

BRIC Y MÉXICO

Macario Schettino / El Universal
La grave crisis económica global de 2008-2009 fue comparada por muchos con la Gran Depresión de fines de los años 20. Muchos parecidos: caída de las bolsas, crisis financiera, amenaza de una muy profunda recesión. Sin embargo, hay una diferencia de la mayor importancia: aquella crisis puso en duda al capitalismo, y dio alas a experimentos destinados a sustituirlo. Del lado izquierdo, el comunismo soviético; del derecho, el fascismo italiano y todos sus herederos, incluyendo la Alemania nazi.
Esos experimentos marcan el siglo XX por las esperanzas que generaron, por los crímenes que cometieron, y por el rotundo fracaso en que se convirtieron. Mientras el antiliberalismo de derecha fue derrotado en la II Guerra Mundial, el antiliberalismo de izquierda lo fue en la Guerra Fría. Para 1989, el experimento había terminado. Apenas unos pocos y pequeños países se aferraron a matar de hambre y privaciones a su población, como Cuba y Corea del Norte.
Hay, sin embargo, un país que también experimentó con un modelo antiliberal y colectivista, pero que tuvo la habilidad de no transformarlo en un régimen criminal. Ese país fue modelo para todo su continente, que lo acompañó en los tiempos de crecimiento y en los de crisis. Pero cuando los otros experimentos se hundieron, cuando todos los demás reconocieron el costo del colectivismo y optaron por el modelo exitoso, el capitalismo común y corriente, este país no se decidió a hacerlo. Este país es México.
Resulta del mayor interés notar cómo los países que en 2003 fueron calificados como los más probables éxitos del siglo XXI son todos países con una orientación colectivista hasta antes de 1990. Brasil, Rusia, India y China, el acrónimo BRIC. Rusia no requiere mayor explicación; China inició su proceso de cambio con la llegada de Deng al poder, en 1979, pero es a partir de 1989 que se convierte en una potencia ascendente, con un capitalismo dirigido desde el Estado, pero sin lugar a dudas capitalismo. India y Brasil son más parecidos a México en la forma en que funcionaron durante el siglo XX. India se independizó poco después de la II Guerra, y desde entonces fue gobernada por el Partido del Congreso, un intento de reproducción del PRI, no muy exitoso.
Con Brasil podemos tener más puntos en común, desde el régimen construido por Getulio Vargas a imagen del cardenista, a la dictadura industrialista de Kubitscheck. Pero tanto India como Brasil reaccionaron en los años 90 y se quitaron de encima el lastre colectivista. No tiene la menor importancia si los gobiernos en Rusia, China, India o Brasil dicen ser de izquierda o no, ninguno de ellos tiene punto de contacto alguno con lo que fue el experimento colectivista del siglo XX. Se puede discutir, nada más por ocio, acerca de su orientación socialdemócrata, pero el hecho es que esos gobiernos funcionan en países que están decididos a competir bajo las reglas normales del capitalismo. Y gracias a ello, su crecimiento se ha acelerado desde los 90.
Nosotros no nos sumamos a esa moda. Acá seguimos con el camino que nos trazamos frente a la Gran Depresión, con muy pequeños ajustes. Tenemos una economía de capitalismo de “compadrazgo” (crony capitalism) en donde los privilegios impiden el funcionamiento del mercado del lado de empresarios igual que de sindicatos o centrales campesinas, y todos capturan rentas, que no es otra cosa que extraernos recursos a los demás. Las reformas profundas que se han hecho en Rusia y China, las un poco menores de India y Brasil, nosotros no podemos sacarlas. Vaya, parece que ni discutirlas.
Tal vez porque en aquellos países hubo crisis igualmente profundas que abrieron el espacio al cambio. El derrumbe del imperio soviético, la muerte de Mao y la profunda depresión post-revolución cultural, los asesinatos de la familia Gandhi, y la caída de la dictadura militar en Brasil. En México, el único momento que se acerca a ello es la caída del régimen, entre 1997 y 2000, que efectivamente abrió la posibilidad de cambios profundos, que desafortunadamente se perdieron en invitar al Sub Marcos a pasear y en intentar construir un aeropuerto sin ninguna operación política.
Si usted, como muchos mexicanos, cree que este país está en uno de sus peores momentos, en realidad lo que está sintiendo es la angustia de haber perdido la línea clara del colectivismo revolucionario y no tener ninguna dirección a cambio. Bueno, pues esto es lo que hay que decidir: ¿regresamos a lo que teníamos o nos sumamos a los BRIC? Ojalá podamos hacerlo sin necesidad de una profunda crisis que nos ayude a tomar la decisión.
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM

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