Las matemáticas son implacables. Faltan 48 días para la elección
presidencial, casi mes y medio, y la ventaja de Enrique Peña Nieto sobre
sus competidores se mantiene entre 15 y 20 puntos porcentuales,
dependiendo de la casa encuestadora. Parecerían una ventaja decisiva,
sobretodo porque se ha mantenido con escasas variaciones durante muchos
meses. Difícil de creer que en siete semanas vaya a cambiar algo que no
ha cambiado en siete meses.
Y pese a todo, los priista todavía no
pueden conciliar el sueño. Hace seis años López Obrador perdió pese a
tener una ventaja de casi 10 puntos tres meses antes de la elección.
Aunque poco probables, ¿qué imponderables podrían evitar el triunfo de
Peña Nieto?
El factor presidencial. Algunos afirman que el poder
de Los Pinos no puede ser descartado. Tiene aun botones y palancas que
podrían ser activados en la última recta de la carrera, como lo hizo
Vicente Fox para hacer ganar a Felipe Calderón. Según este argumento,
ningún presidente del México moderno ha perdido una elección. El único
que lo hizo, Ernesto Zedillo, perdió por voluntad propia; prefirió ver
ganar al PAN y pasar a la historia como el presidente demócrata. En
teoría, Calderón no ha dicho la última palabra en materia de sucesión
presidencial. Bueno, eso dice la teoría. En la práctica creo que los
activos políticos de Calderón están agotados. No puede ni quiere
intervenir en el proceso electoral. Que no puede, ya lo demostró en las
elecciones internas del PAN, cuando fue incapaz de imponer a Ernesto
Cordero como abanderado de su partido. Lo último que le conviene a
Calderón es intentar una trastada que le gane el rencor del futuro
presidente del país. Es tan precario el futuro político y eventualmente
jurídico de Calderón con motivo de los 60 mil muertos, que difícilmente
querrá arriesgarse. Más aun, me parece que ya existe un pacto tácito al
respecto. Esta semana Peña Nieto afirmó que Calderón hizo lo correcto
institucionalmente cuando incorporó al ejército a la lucha contra el
Narco. Un auténtico guiño de paz y concordia. En suma, Calderón no será
un obstáculo para el triunfo del priista.
Las redes sociales
digitales. Sin ninguna duda, la blogosfera le es adversa a Peña Nieto.
Basta ver los trending topics en México para darse cuenta de la
fortaleza de los seguidores de López Obrador en las redes. Difícil de
evaluar el impacto final que esto pueda tener en la elección. Es un
factor que no existía hace seis años. ¿Cuántos de ellos votan? ¿Cuán
representativos son? ¿Cuán sesgado está por los motores de intervención
de la izquierda? No lo sabemos. Por lo pronto, es el origen de la mayor
parte de los dolores de cabeza del candidato del PRI.
El voto
indeciso. La ventaja puede ser de 20 puntos, pero la proporción de
personas que aun no deciden por quién van a votar, según las encuestas,
llega a casi a 30 por ciento. Suficiente para poner nervioso al cuarto
de guerra del PRI. Probablemente una porción de los indecisos no irá a
las urnas, pero ¿el resto? La mejor noticia para Peña Nieto es la
emergencia de Quadri en el más reciente debate. Si el candidato del
PANAL es capaz de atraer un 4 o 5 por ciento de la votación, reducirá en
esa proporción el voto disperso que puedan capturar López Obrador y
Josefina Vázquez Mota.
El voto útil. En el 2000 Vicente Fox fue
capaz de atraer a muchos votantes progresistas que prefirieron sufragar
por el de la derecha, al ver las escasas posibilidades de su candidato
natural, Cuauhtémoc Cárdenas, en su afán de sacar al PRI de Los Pinos.
Para Peña Nieto habría sido adverso que se ampliara la distancia entre
el 2do y el 3er lugar, porque eso podría haber generado el fenómeno del
voto útil. Pero hasta en eso ha corrido con suerte. López Obrador y
Vázquez Mota prácticamente se encuentran en empate técnico. No es
probable que sus votantes renuncien al segundo lugar en beneficio del
otro.
MORENA. Imposible dimensionar el peso de la organización de
base de López Obrador. En teoría es una red piramidal formada por
cientos de miles, quizá millones de miembros comprometidos cada uno a
llevar a cinco personas a las urnas. Tampoco ha sido probada, pero no
fue muy efectiva en el caso de las pasadas elecciones en el Edomex.
En
suma, pese a la amplia ventaja del priista existen imponderables que no
pueden ser del todo descartables, aunque algunos de ellos son
francamente peregrinos. ¿Una suma de estos imponderables podría poner en
riesgo el triunfo del PRI? Poco probable, pero al menos propicia algún
suspenso en una elección que, de otro modo, sería de trámite. Veremos.
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