RENÉ DELGADO / REFORMA
Sobreaviso
Sólo porque nada tiene que perder y mucho que ganar, se entiende que el príncipe político de chocolate sea el rey turrón del debate o que el mercader político se presente como el ciudadano cien por ciento natural.
Eso se entiende, no que el príncipe desconozca la plataforma y la
estructura que lo impulsa y lo sostiene y que, a partir de ello,
pretenda fortalecer el instrumento político-partidista de la cúpula
sindical del magisterio. Hay quienes defienden el negocio de Gabriel
Quadri porque consiguió colocar su agenda, hay quienes lo vituperan
porque consiguió colocar su cartera. Es lo de menos. Lo delicado es que,
bajo disfraz, preste servicios al corporativismo que riñe precisamente
con lo ciudadano y denigra la polític
Tal es la ridícula comedia protagonizada por el príncipe Quadri, que
ni el yerno de su madrina lo apoya. Fernando González no se anda por las
ramas: reconoce el rol de relleno de "su" candidato y apoya de lleno al
supuestamente ajeno, el priista Enrique Peña.
Puede Quadri jugar su juego -a ver si la recompensa cubre el costo
del desprestigio-, no el electorado: no hay por qué darle un solo voto a
Nueva Alianza. Es hora de hacerle perder el registro a ese instrumento
de extorsión política y, así, restarle recursos a la corte de la
cenicienta, Elba Esther Gordillo. Tan sólo este año, el dinero entregado
a ese partido por el electorado, en su condición de contribuyente, suma
352.1 millones de pesos y, desde 2005, cifra mil 513 millones de pesos.
Eso sin contar la fortuna que esa fuerza recibe por cuotas sindicales:
seis millones al día.
Ni un voto a Nueva Alianza, no más dinero público a intereses
cupulares, no más impulso a alianzas nuevas, viejas o recicladas a costa
del sacrificio de la educación, eje del rezago nacional.
***
Aún el mérito de refrescar el lenguaje y desportillar mitos
políticos se desvanece cuando al príncipe se le pregunta por la
cenicienta. Ahí sí, el ciudadano cien por ciento natural se conduce como
el más marrullero de los políticos tradicionales. Elude o evade el
tema.
Será interesante conocer los términos de la negociación de Gabriel
Quadri para ponerse a los pies de la maestra. Si el príncipe no se
convierte por encanto en secretario de su presunta majestad tricolor, la
recompensa por los servicios prestados deberá ser generosa porque,
sabido es, cubiertos los honorarios, a la cenicienta le da igual el
destino del personal contratado en temporada electoral, sobre todo,
cuando no era el querido.
Por lo pronto, el príncipe Quadri asume a plenitud su papel
secundario y cumple a carta cabal su rol. No le importa. Al cine podría
ir a dar el ecologista ciudadano con su estrellita en la frente, su
actuación ha sido aceptable aunque, a veces, descuida los detalles. Ahí
está el video de los muchachos de la escuela Carlos Septién, tomándolo
in fraganti cuando el chofer del Jetta blindado que utiliza lo deja en
custodia de sus guardaespaldas para que monte y maneje la combi, como si
en ella siempre anduviera.
Little Miss Sunshine, el remake de aquel célebre "movie road" podría
protagonizar Quadri con su camioneta y su madrina, intitulándolo ahora
Little Mister Sunshine. Hasta el guión se presta: el viaje (una campaña)
abordo de una combi (el Panal) para que un debutante infantil (el
candidato) participe en un concurso (la elección), dejando ver en el
trayecto los apuros de una familia desestructurada (su madrina y el
sindicato que fallaron en los cálculos al querer refrendar su alianza
con el panismo y, luego, restablecerla con el priismo).
Queda para la memoria del ridículo político patrocinado, la campaña de Little Mister Sunshine. El "movie road" de Quadri.
***
Allá el príncipe de chocolate, no el electorado.
Pese a la desangelada oferta de los candidatos que en verdad
compiten, la elección es ocasión para desescombrar el sistema de
partidos. Se puede votar para botar a las organizaciones que han
denigrado la política al usarla como ariete de ambiciones personales o
gremiales o como instrumento de extorsión o enriquecimiento a costa de
los contribuyentes. Ni un voto, ni un peso a esas organizaciones. Es
hora de botarlos, con 'b' grande, enorme, inolvidable.
Nueva Alianza y el Verde son, por antonomasia, el ejemplo de esas
organizaciones. Ya habrá oportunidad de hablar del Partido Verde y sus
muníficos planteamientos. El caso, ahora, es el de Nueva Alianza. Un
voto a sus candidatos al Ejecutivo o al Legislativo es echarle la soga
al cuello a la reforma educativa que, junto a la política, son la clave
para desencadenar las otras. La primera para recoger frutos a mediano
plazo, la segunda para entendernos sin hienas ni zopilotes como
intermediarios.
Si en algún momento la cenicienta fue tentada por la idea de la
trascendencia después de acumular tanto poder y no descartó el impulso
de la mejora en la calidad educativa, el instinto de sobrevivencia o
algún duende le advirtió que someter a examen a sus agremiados era tanto
como comer una manzana envenenada y, entonces, dejó la manzana en el
pupitre y retomó la vara de membrillo para ejercer su poder, así sea de
arrimada.
Hoy, a pesar de la impresión, la maestra nos las trae todas consigo.
Generó una expectativa con la posibilidad de la mejora educativa,
despertó con ello a organizaciones ciudadanas interesadas en el tema y
decididas a impulsarlo, minusvaloró a los grupos magisteriales que
buscan desplazarla y, horror, sobrevaloró su fuerza política con el
panismo y el priismo que resolvieron no calzarle la zapatilla y,
entonces, le quedó bailar con... Quadri.
Votar por el príncipe de chocolate, la corte de familiares -el yerno,
la hija, el nieto- o los pajes de la cenicienta es inyectarle vitaminas
a una fuerza en decadencia. Es mejor botarlos y llevarlos en la combi
al deshuesadero político.
***
Falta ver algunos malabares del príncipe de chocolate y algunas
marometas de la cenicienta, suertes y artificios cuya espectacularidad
no deben confundir la decisión darle un "no" rotundo al Panal y
retirarle su registro. Esa posibilidad sí está al alcance ciudadano en
la elección. Sin el instrumento partidista, será más fácil desmantelar
la herramienta sindical y desarmar a políticos como Vicente Fox, Felipe
Calderón o Enrique Peña, proclives a sacrificar la educación a cambio de
un apoyo evanescente a su ambición.
No estaría de más retomar una lección de la maestra, recuperar
modificado el lema que acuñó y preguntar: ¿Tú le crees a Quadri y la
maestra? Yo tampoco.
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