domingo, 22 de abril de 2012

LA FRÁGIL LIBERTAD DE REALIZACIÓN

Francisco Valdés Ugalde / El Universal 
 EL UNIVERSAL publicó el jueves (nota de Natalia Gómez Quintero) una noticia muy importante. Sin duda la más trascendente de la primera plana ese día: “El 65% de los jóvenes eligen su carrera bajo presión”. El estudio realizado por la Subsecretaría de Educación Superior y presentado por su titular, Rodolfo Tuirán, determina que en el país sólo una tercera parte de los jóvenes matriculados en la educación superior “reconoce que su inclinación vocacional fue el principal motivo para elegir carrera”. El 65% restante tomó la decisión por otros motivos, principalmente por presiones sociales. Una de estas presiones es el patrón de éxito difundido en la sociedad. Supuestamente, derecho, contaduría, educación básica, administración, ingeniería industrial, computación y sistemas, sicología, ingeniería mecánica eléctrica, medicina y administración de empresas son las carreras con mayor promesa de éxito. No sabemos si estadísticamente esto es cierto, pero sí que los estudiantes perciben que estas carreras son las que prometen mayor éxito. 
La cobertura de educación superior en México es en la actualidad de alrededor de 33%. Hay que reconocer que, según cifras de ANUIES, de 2006 a la fecha se incrementó de 24 a 33%. Esto significa que al día de hoy 9% más tiene oportunidad de estudiar en una institución de educación superior. El esfuerzo ha sido muy grande y encomiable. Los resultados se podrán apreciar conforme el ciclo académico vaya dando egresados en las nuevas magnitudes. 
No obstante, si volvemos sobre las cifras que arroja el estudio, 35% que elige una carrera por su inclinación vocacional representa solamente 11% de la población en edad de estudiar educación superior, mientras que los restantes dos tercios (65%) lo hace por motivos ajenos a su inclinación vocacional. El rezago acumulado era enorme y aunque se ha reducido sigue siendo muy grande. A pesar de que aumentaron las alternativas es debido preguntarse cuál debe ser el estándar de oportunidades que hay que alcanzar. 
Una sociedad democrática y abierta tiene el deber cívico primordial de ofrecer a sus miembros una expectativa de vida decente; una posibilidad verificable de vida con sentido para cada individuo. En eso México y Latinoamérica somos subdesarrollados netos. Para la mayor parte de la población el sentido de vida se encuentra en los intersticios del statu quo, pero éste no es un oferente de vidas con sentido. No me arriesgo a aseverar que la vida de más de un tercio de la población que sobrevive en la pobreza carezca de sentido para sus portadores, pero es muy probable que tal sentido haya sido considerablemente coartado por su condición social. Si sólo 35% de quienes llegan a la cúspide de la pirámide educativa eligen lo que quieren hacer en la vida con base en sus inclinaciones personales, qué pueden hacer quienes ni siquiera sacan la cabeza a la superficie del quehacer social. 
Entre los problemas estructurales de México que marcarán el destino de dos generaciones vivas está la inversión de la pirámide poblacional. Más viejos y menos jóvenes. Estos últimos son los que formarán cada vez en mayor número la base productiva de la sociedad; son los que proveerán las arcas fiscales del Estado, de cuya productividad se obtengan los recursos para la producción de bienes públicos (en ausencia creciente de petróleo disponible), como las pensiones, la educación y la salud pública. ¿Cuáles son las alternativas que la sociedad les ofrece? ¿Cómo se construirá la plataforma de capital humano del siglo XXI?.
 Los valores que refleja la jerarquía de preferencias que muestra la lista de profesiones más demandadas parecieran ser principalmente los de la sobrevivencia económica o acaso la aspiración de éxito. Esta opción puesta a la inversa significa que 65% de los educandos superiores tienen miedo de elegir lo que verdaderamente quieren porque quizá esa decisión los podría llevar al fracaso. 
Esto es grave. Si bien suele mirarse la parte medio llena del vaso, lo cierto es que el lleno llega a un tercio, o a la décima parte si tomamos al grupo etario en su totalidad. Es un serio desafío para un país que tiene severísimos problemas educativos por los cuales la abrumadora mayoría de su población tiene un mal, si no es que pésimo, nivel de instrucción. 
Llama la atención que, con excepción de educación, derecho y sicología, las carreras humanísticas brillan por su ausencia. Sin duda, el patrón de lucro impuesto por una noción vacua del desarrollo económico hace su parte en el universo de selección de los aspirantes a profesionistas. De lo que no cabe duda es de que el margen de libertad de realización personal en la sociedad mexicana es más bajo que el requerido por sociedades libres y abiertas. @pacovaldesu

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