jueves, 1 de diciembre de 2011

PROPUESTAS CONSTRUCTIVAS, OÍDOS SORDOS

Francisco Suárez Dávila / El Universal
La democracia mexicana se encuentra en una situación deplorable. La reciente elección de Michoacán lo ilustra y anticipa cosas peores en la gran elección federal. El pueblo michoacano se comportó admirablemente, participativo e inteligente. Lastimoso e inconsistente comportamiento de los candidatos perdedores.
El PRI ha sido objeto de las críticas tradicionales, acarreos, alianzas cuestionables. En cambio, han caído en oídos sordos, salvo para algunos importantes columnistas, las propuestas de gobierno constructivas que recientemente ha lanzado y que en muchos temas son las más ilustradas. También es positivo que hayan saltado a la palestra otras plataformas de gobierno. AMLO con su libro Proyecto de nación; Ebrard, Hacia un plan para México; Josefina Vázquez Mota, Nuestra oportunidad; con muy pocas ideas propias, más bien las de un popurrí de 22 personalidades.
Por parte del PRI, Enrique Peña ha presentado, como lo han reconocido algunos analistas, un bien razonado y propositivo libro: México, la gran esperanza. Manlio presentó su propuesta sobre gobiernos de coalición, con un debate con grandes personalidades como Cuauhtémoc Cárdenas, Francisco Labastida y Diego Fernández de Cevallos. Antes, la Fundación Colosio celebró tres foros plurales para discutir los temas económicos, sociales y políticos como base de su plataforma, que ya presentó. En ellos, Peña y Manlio presentaron aportaciones muy precisas.
Estos planteamientos del PRI contienen ideas de vanguardia. Hay, además, en realidad amplias coincidencias entre Peña y Manlio. Un primer punto general es el diagnóstico sobre los paupérrimos resultados del gobierno actual. “El sexenio de la muerte”, de la estrategia de seguridad fracasada ante la violencia, del estancamiento y del rezago económico, del aumento de la pobreza y la desigualdad, de los jóvenes sin empleo. Los dos personajes del PRI señalan la necesidad de un cambio de modelo de desarrollo, con rumbo y con orden. Ya no “más de lo mismo”. Privilegiar el crecimiento generador de empleo, sin abandonar la estabilidad; no la estabilidad sin crecimiento. Para ello se requiere duplicar la inversión en infraestructura, incluyendo asociaciones público-privadas. Un Estado eficaz, no el impotente que ahora tenemos. Una nueva estrategia para el sector energético, que lo convierta en palanca de desarrollo. Respetar principios básicos: Pemex, empresa pública bajo la rectoría del Estado, pero con apertura para considerar alianzas estratégicas en aguas profundas, mayor participación privada en refinación, distribución y petroquímica. Reconocer nuevas fórmulas para explotación del “shale gas” de enormes posibilidades.
El PRI, Peña, Manlio, reivindican modernizando la política del bienestar y la seguridad social. Hacer exigibles los derechos sociales por el solo hecho de ser ciudadanos, no con el criterio excluyente de tener empleo formal. La consecuencia es cobertura universal de salud, paulatinamente en pensiones, financiado de manera importante con impuestos generales. Pero con convergencia de los diferentes sistemas de seguridad social, duplicatorios e ineficaces. Hay dos ideas importantes: establecer paulatinamente un seguro de desempleo (Peña) o garantizar una renta básica mínima a todos los mexicanos (Manlio), posiblemente sustituyendo Oportunidades. Éstas son ideas fuerza, no los cientos de programas clientelares y asistenciales que se tienen para combatir la pobreza. Avanzar hacia la sociedad del conocimiento, aumentando la inversión en ciencia y tecnología al 1% del PIB y ampliando la cobertura en preparatorias y educación superior. Para todo ello se acepta como impostergable una reforma fiscal integral. Ya Manlio planteó un IVA generalizado con canasta básica. Peña reduce los monumentales subsidios fiscales. Reformular el pacto fiscal federal, incluyendo mayor transparencia y rendición de cuentas. La banca mexicana debe aumentar su financiamiento a la actividad productiva y fortalecerse una verdadera banca de desarrollo.
En materia política hay dos opciones que permiten la gobernabilidad, generando mayorías estables en el Congreso, los gobiernos de coalición y la cláusula de gobernabilidad. Ante una incongruente y mediocre política exterior, Peña plantea cómo México puede recuperar el liderazgo como potencia emergente.
En lo que más importa, ¿cómo y con qué se va a gobernar? Ningún partido tiene las propuestas concretas y transformadoras del PRI. Pese a críticas, hay que recordar, es el único que ejecutó cambios estructurales. Manlio, gran civilidad al renunciar a su candidatura, es un gran activo para Peña, del cual no debe prescindir, ni en la campaña, ni en un posible futuro gobierno.

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