miércoles, 21 de diciembre de 2011

MÁS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO

Rogelio Ramírez de la O. / El Universal

Con la objeción de varios sectores productivos, el Gobierno firmó y luego el Senado aprobó (con la objeción del grupo del PRI) otro tratado más de libre comercio, esta vez con Perú, cuya ventaja está en frutas y verduras que se producen en el centro y el sureste del país. Este tratado reafirma que la principal estrategia gubernamental para el sector real de la economía sigue siendo firmar tratados y esperar que traigan inversiones y crecimiento.
Cuando Estados Unidos e Inglaterra negociaron lo que después sería el sistema de Bretton Woods, Keynes recibió (en 1942) del Tesoro estadounidense su posicionamiento, el cual consideró razonable: "La creencia de que la reducción de los aranceles aumenta el comercio y arroja un mayor nivel de vida para todos los países bajo todas las circunstancias y en todas las etapas de su evolución económica asume que todos los países están utilizando todo su capital y toda su fuerza de trabajo... supuestos que no son válidos, sino irrealistas y débiles".
Esa es la base del pragmatismo para administrar el libre comercio. Por eso es que Europa y Japón no exponen su agricultura al libre comercio irrestricto y es por ello que en Estados Unidos se le subsidia.
Es fácil comprobar si los tratados con 42 países posteriores al firmado con Estados Unidos y Canadá generan crecimiento o no. En efecto, en la década pasada las exportaciones de manufacturas aumentaron 101 mil millones de dólares, pero de éstos, 93 mil millones fueron a Estados Unidos. Es decir, los otros numerosos tratados no aportaron gran resultado numérico.
Y como las importaciones aumentaron más rápidamente, nuestro déficit comercial, excluyendo petróleo crudo, saltó de 24 a 45 mil millones de dólares. Esto fue aun con bajo crecimiento del PIB, que sólo fue de 2.3% anual, mismo que difícilmente puede llamarse el crecimiento de una potencia exportadora.
La razón es que si bien el libre comercio en principio facilita los intercambios, para que una economía se beneficie de ellos debe invertir y aumentar su capacidad en planta y equipo. Si los resultados muestran bajo crecimiento y creciente déficit externo, es obvio que se requiere otra prioridad. Por ejemplo, estimular el aumento de la inversión y sobre todo que el grado de fabricación nacional aumente.
Pero los datos que nos ofrece el analista Arnulfo Gómez muestran que las exportaciones de maquiladoras tienen un contenido de importación de 89%. Aparentemente para el Gobierno ha sido más fácil firmar tratados que impulsar la inversión y el valor agregado local.
Otra falla que los senadores comparten es no ver el contexto mundial. China está imponiendo medidas antidumping a importaciones estadounidenses de automóviles, que van de 2% a 22%, esto es después de haberlas impuesto contra importaciones de carne de pollo y acero. Estados Unidos, por su parte, impuso restricciones similares a las llantas chinas. Esto sucede precisamente porque en Estados Unidos hay alto desempleo y en China porque quieren asegurar que seguirán creando muchos empleos.
En Europa los signos de un viraje hacia el interés nacional son similares, al vetar Inglaterra un acuerdo de los 27 miembros de la Unión por temor a la pérdida de soberanía, sobre todo la posibilidad de impuestos al sector financiero.
El tratado de 1993 con Norteamérica fue adecuado y oportuno, pero no se puede pretender que México siga en la misma etapa en la que estaba en 1993. Por eso es mala señal que ni Gobierno ni Senado escucharan las objeciones de los productores, estando tan avanzada esta administración y en este clima mundial.






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