En nuestro país, la pobreza, y de manera más marcada, la indigencia aumentaron entre 2008 y 2010.
Jesús Alberto Cano Vélez / Excelsior
La semana pasada recibimos noticias desacordes sobre la evolución de la economía mundial y de México, que nos deberían dar causa para reflexionar, preocupar y actuar.
Nos enteramos, por un lado, que la situación económica en Europa estaba sumamente peligrosa y que sus efectos negativos en México y Estados Unidos amenazaban con agravarse. A la vez, recibimos buenas notas de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde —de visita en México— por nuestro manejo macroeconómico; noticia que alegró a las autoridades federales, pero que se deberían ponderar con mayor cautela.
Luego la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) reveló que la pobreza e indigencia en América disminuyó en casi todo el continente en los últimos años, pero no así en México y Honduras, los únicos países con incrementos en sus porcentajes de pobreza, con 1.5 y 1.7 puntos porcentuales, respectivamente.
La secretaria general de la CEPAL, la mexicana Alicia Bárcena anunció que la baja en la pobreza en la región, entre 2008 y 2010, especialmente en Perú, Ecuador, Argentina, Uruguay y Colombia se debe a un alza de los ingresos laborales, complementados por transferencias monetarias provenientes de políticas públicas, aunque éstas en menor medida.
Mientras tanto, en México la pobreza aumentó hasta abarcar 41 millones de personas, cerca de 37% de la población, y de ellas, cerca de 15 millones vivieron en indigencia o pobreza extrema, de acuerdo con ese organismo. En nuestro país, la pobreza, y de forma más marcada, la indigencia aumentaron entre 2008 y 2010, y fue la nación de la región donde más aumentó, el año pasado.
Por lo anterior, el organismo prevé en su documento Panorama Social de América Latina 2011, que la región cerrará el año con menos pobres pero mayor indigencia que el año anterior. Atribuyó lo anterior al incremento en los precios de los alimentos.
En todo esto la desigualdad desempeña un papel importante, según la dirigente del FMI, Lagarde. En conferencia de prensa reciente, en Lima, Perú, subrayó que les va mejor a las naciones que adoptan políticas de inclusión social como una estrategia de crecimiento y erradicación de la desigualdad.
“Es empíricamente demostrable” —dijo— “que las economías que apuestan por una estrategia de crecimiento inclusivo y que distribuyen los beneficios del crecimiento entre un mayor número de gente, crean modelos sostenibles en el tiempo”.
“Lo que vemos es un crecimiento que ha tendido a ser menos inclusivo para un gran grupo de países. De ahí que si uno toma una muestra de 15 países, es probable que 12 de ellos hayan incrementado la desigualdad en los últimos diez años y que tres la hayan reducido. Ello pone en riesgo la sostenibilidad del sistema; de ahí que sea importante combinar políticas económicas con un objetivo de inclusión social.”
Parecería que estaba hablándole a México. No temer a políticas públicas que mejoren los resultados del mercado, dejado solo.
“Ésa es la dirección que los mismos europeos han tomado”, sostuvo ante que si podría la UE reformar su sistema de gobierno para así prevenir estos problemas.
Y pensando en México, el secreto de los altos crecimientos económicos entre 1932 y 1982, fue precisamente ése: la inspiración de las tesis sociales de la Revolución mexicana en las políticas económicas, que promovió y permitió las políticas de inclusión para lograr el desarrollo económico y social, que experimentamos en México durante ese medio siglo exitoso, para ser seguido de tres décadas de relativo estancamiento.
La lección parece clara: Los avances económicos y sociales no son permanentes, y si la dirección de las políticas públicas se invierte, pueden también ser reversibles los avances económicos y sociales.
Presidente Nacional del Colegio Nacional de Economistas*
Jesús Alberto Cano Vélez / Excelsior
La semana pasada recibimos noticias desacordes sobre la evolución de la economía mundial y de México, que nos deberían dar causa para reflexionar, preocupar y actuar.
Nos enteramos, por un lado, que la situación económica en Europa estaba sumamente peligrosa y que sus efectos negativos en México y Estados Unidos amenazaban con agravarse. A la vez, recibimos buenas notas de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde —de visita en México— por nuestro manejo macroeconómico; noticia que alegró a las autoridades federales, pero que se deberían ponderar con mayor cautela.
Luego la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) reveló que la pobreza e indigencia en América disminuyó en casi todo el continente en los últimos años, pero no así en México y Honduras, los únicos países con incrementos en sus porcentajes de pobreza, con 1.5 y 1.7 puntos porcentuales, respectivamente.
La secretaria general de la CEPAL, la mexicana Alicia Bárcena anunció que la baja en la pobreza en la región, entre 2008 y 2010, especialmente en Perú, Ecuador, Argentina, Uruguay y Colombia se debe a un alza de los ingresos laborales, complementados por transferencias monetarias provenientes de políticas públicas, aunque éstas en menor medida.
Mientras tanto, en México la pobreza aumentó hasta abarcar 41 millones de personas, cerca de 37% de la población, y de ellas, cerca de 15 millones vivieron en indigencia o pobreza extrema, de acuerdo con ese organismo. En nuestro país, la pobreza, y de forma más marcada, la indigencia aumentaron entre 2008 y 2010, y fue la nación de la región donde más aumentó, el año pasado.
Por lo anterior, el organismo prevé en su documento Panorama Social de América Latina 2011, que la región cerrará el año con menos pobres pero mayor indigencia que el año anterior. Atribuyó lo anterior al incremento en los precios de los alimentos.
En todo esto la desigualdad desempeña un papel importante, según la dirigente del FMI, Lagarde. En conferencia de prensa reciente, en Lima, Perú, subrayó que les va mejor a las naciones que adoptan políticas de inclusión social como una estrategia de crecimiento y erradicación de la desigualdad.
“Es empíricamente demostrable” —dijo— “que las economías que apuestan por una estrategia de crecimiento inclusivo y que distribuyen los beneficios del crecimiento entre un mayor número de gente, crean modelos sostenibles en el tiempo”.
“Lo que vemos es un crecimiento que ha tendido a ser menos inclusivo para un gran grupo de países. De ahí que si uno toma una muestra de 15 países, es probable que 12 de ellos hayan incrementado la desigualdad en los últimos diez años y que tres la hayan reducido. Ello pone en riesgo la sostenibilidad del sistema; de ahí que sea importante combinar políticas económicas con un objetivo de inclusión social.”
Parecería que estaba hablándole a México. No temer a políticas públicas que mejoren los resultados del mercado, dejado solo.
“Ésa es la dirección que los mismos europeos han tomado”, sostuvo ante que si podría la UE reformar su sistema de gobierno para así prevenir estos problemas.
Y pensando en México, el secreto de los altos crecimientos económicos entre 1932 y 1982, fue precisamente ése: la inspiración de las tesis sociales de la Revolución mexicana en las políticas económicas, que promovió y permitió las políticas de inclusión para lograr el desarrollo económico y social, que experimentamos en México durante ese medio siglo exitoso, para ser seguido de tres décadas de relativo estancamiento.
La lección parece clara: Los avances económicos y sociales no son permanentes, y si la dirección de las políticas públicas se invierte, pueden también ser reversibles los avances económicos y sociales.
Presidente Nacional del Colegio Nacional de Economistas*
No hay comentarios:
Publicar un comentario