jueves, 27 de octubre de 2011

MAÍCES MEXICANOS

SERGIO SARMIENTO / REFORMA
JAQUE MATE
La organización trasnacional Greenpeace ha iniciado un ataque en contra de Maíces Mexicanos, el proyecto de José Luis Herrera Ayala que se presenta en Iniciativa México. Con el apoyo de Raúl Hernández Garciadiego, ganador el año pasado de Iniciativa, Greenpeace denuncia en un comunicado que Maíces Mexicanos ha cometido el pecado de recibir apoyo de la empresa Monsanto.
En una carta dirigida a Tania Esparza Oteo, directora de Iniciativa México, Hernández Garciadiego exige que se "descalifique" el proyecto Maíces Mexicanos ya que "no solamente recibe financiamiento de Monsanto, sino que su director y representante en iMx -José Luis Herrera Ayala-personalmente aplaude y apoya la introducción de maíces transgénicos en México".
Es lamentable que un hombre como Hernández Garciadiego, quien ganó Iniciativa México en 2010 sin que nadie objetara sus posiciones filosóficas o cuestionamientos a los transgénicos, ahora busca que se descalifique a otro por sus ideas. (Aclaración de interés: yo soy co-conductor del programa de televisión, pero no participo en ninguna de las decisiones de Iniciativa México..)
Un funcionario de Monsanto me señala que, efectivamente, la empresa ha apoyado a Maíces Mexicanos, como lo hace con muchos otros proyectos ecológicos y campesinos. Monsanto vende semillas genéticamente modificadas, pero busca también la preservación de los maíces originales mexicanos. La empresa, en efecto, ha financiado trabajos de investigación y preservación del germoplasma -el conjunto de genes-de los maíces mexicanos. ¿Por qué? Monsanto, el villano de Greenpeace y Hernández Garciadiego, señala que los campesinos deben tener la libertad de escoger las semillas que quieren utilizar y añade que hay razones científicas para preservar los distintos germoplasmas del maíz.
La actitud de Greenpeace y Hernández Garciadiego ante Maíces Mexicanos revela el carácter autoritario de su movimiento. No solamente no aceptan que los campesinos puedan tener la posibilidad de elegir por sí mismos. Tampoco quieren que alguien pueda defender puntos de vista diferentes a los suyos.
Independientemente de la intolerancia, el tema de fondo es el maíz genéticamente modificado. El problema no es ya si este maíz va a entrar a México sino cómo lo hará. Todos los años se importan a nuestro país millones de toneladas de maíz, soya y otros productos genéticamente modificados. Si continuamos prohibiendo el cultivo en México, se mantendrán los actuales bajos niveles de productividad, pero los transgénicos seguirán siendo importados.
México se está quedando aislado en un mundo en el que se cultivan cada vez más productos genéticamente modificados. Ya no es sólo Estados Unidos; Brasil y Argentina, Canadá y China, han adoptado con entusiasmo estos cultivos transgénicos y han mejorado de forma importante su productividad.
No es ésta la primera vez que un grupo conservador busca frenar el avance de la ciencia. Los luditas británicos del siglo XIX destruían la nueva maquinaria textil afirmando que con ello defendían los empleos de los trabajadores. Al final no lograron frenar la tecnología. Nunca entendieron, por otra parte, que gracias a la tecnología los trabajadores empezaron a ganar mejores salarios y a gozar de un mejor nivel de vida.
Los nuevos luditas mexicanos no detendrán la biotecnología. A lo que más pueden aspirar es a impedir que los campesinos mexicanos se beneficien del aumento de la productividad. El maíz transgénico se seguirá importando en crecientes cantidades. Quizá eso es lo que quieren. Trabajan, al parecer, para los productores estadounidenses de maíz.
Para el año que viene estará disponible en Estados Unidos el maíz resistente a la sequía. Esta variedad sería particularmente útil en México. Pero Greenpeace, en complicidad con la Semarnat, insiste en impedir su ingreso al país.

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