- El desmantelamiento del USAID pone en jaque la continuidad de fondos cruciales para las autoridades mexicanas y las organizaciones civiles, y amenaza los esfuerzos construidos durante décadas
Fuente: Departamento de Estado EL PAÍS
Elías Camhaji - Elena San José - Patricia San Juan Flores - México - El País
Las acciones de Estados Unidos frente a crisis humanitarias, desastres naturales y emergencias de salud pública en el mundo penden de un hilo. El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció esta semana la cancelación del 83% de los programas coordinados por USAID, la principal agencia de Washington para la entrega de ayudas para el desarrollo. Se trata del último golpe de timón en la política exterior de Donald Trump, con el argumento de que los apoyos otorgados a otros países son un “despilfarro” y van en contra de los intereses de su Gobierno. En Latinoamérica y el Caribe, el impacto de los recortes es profundo y el futuro de casi 600 millones de dólares prometidos por la cooperación estadounidense para este año es una incógnita, entre ellos más de 180 millones para Colombia, 82 millones para Honduras, 66 millones para Haití y 10 millones para México.
“El efecto ha sido devastador para la región”, asegura el representante de una de las instituciones afectadas, que pide el anonimato. USAID, el brazo operativo del Departamento de Estado para la cooperación internacional, es la principal fuente de recursos de decenas de organismos no gubernamentales (ONG) en México y la incertidumbre sobre el futuro de la agencia ―en pleno proceso de desmantelamiento― se ha traducido en despidos, retrasos en los pagos y parálisis de proyectos que ya estaban en curso, y anticipa la peor crisis en el sector en décadas. “Había una fuerte dependencia de estos fondos, que se está traduciendo prácticamente en el cierre de varias organizaciones”, agrega.

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