Mario Maldonado - Sonora Presente
Mientras en Madrid, en los pasillos de la Fitur, la gobernadora de Guanajuato, Libia Dennise García, hablaba de inversiones, turismo y de las “fortalezas” de su estado, en Salamanca estaba por ocurrir otra masacre. El domingo pasado, 11 personas fueron acribilladas en un campo de futbol en la comunidad de Loma de Flores. Decenas de disparos, pánico y un estado que volvió a exhibir su rostro más violento justo cuando su mandataria promovía en Europa una imagen de estabilidad y progreso del que sigue siendo el estado más violento del país.
En solo un fin de semana, se cayó el discurso de la reducción de la violencia en Guanajuato. La posición en la que queda la gobernadora ante los hechos es el fiel reflejo de un gobierno rebasado, cuya única esperanza realista es ser apuntalado, y prácticamente rescatado, por el gabinete de seguridad de la administración federal.
Una semana antes de la tragedia, la presidenta Claudia Sheinbaum estuvo en Guanajuato para encabezar un acto oficial en San Miguel de Allende, sin la presencia de la gobernadora. La visita ocurrió el 18 de enero, en el marco del Plan de Justicia para comunidades del noreste del estado, y dejó señales de una relación fría y cada vez más distante. Sobre la matanza en Salamanca, este lunes la presidenta dijo en su conferencia mañanera que el Gabinete de Seguridad ya trabaja de manera coordinada con las autoridades estatales, que se reforzó el despliegue federal en la zona y que el objetivo inmediato es ubicar a los responsables y contener nuevos brotes de violencia, aunque dejó claro que la conducción directa de la investigación recae en las instancias locales.
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