Jesús Silva Herzog Márquez - Pulso de San Luis
Antes de su histórico discurso en Davos, el primer ministro de Canadá citaba un par de líneas de una canción de Leonard Cohen. "Hay una grieta en todas las cosas, así es como entra la luz." Algo sólido se resquebraja de repente y de esa rajadura aparece una chispa. Hasta el concreto más firme se quiebra y es justo en el filo de esa raja donde se asoma la luz. "Toca las campanas que aún pueden sonar / olvídate de la ofrenda perfecta / hay una grieta en todas las cosas / así es como entra la luz." Jordi Soler dedicó un ensayo memorable sobre Cohen y eso que traduce con precisión como "la resquebrajadura." Lo que en el cantante es melancolía en el estadista es un llamado a la imaginación y a la responsabilidad. Cuando se rompe el granito se abren las posibilidades. El llamado de la política, su responsabilidad esencial es encontrarlas.
Ningún estadista ha registrado el cambio de época como lo ha hecho el primer ministro de Canadá. Lo decía desde septiembre del año pasado y lo reiteró, con mucha mayor resonancia, hace unos días en Davos. Él mismo escribió el mensaje que sacudió al mundo. No leyó un texto maquilado por un equipo de asesores que mide con encuestas el efecto de cada adjetivo. En Davos se escuchó a un gobernante que descifra con honestidad el sentido del presente y traza al mismo tiempo el boceto de un nuevo camino. Entre un vuelo y otro fue dándole forma él mismo a un discurso impecable. No recuerdo ningún otro mensaje político que haya registrado con tanta precisión la naturaleza de los desafíos de nuestro tiempo. Discurso firme, lúcido y elocuente que sorprende por su valentía y el hilo de su racionalidad. Un ejercicio ejemplar de dignidad. Los insultos, las amenazas, la patanería y la vulgaridad del presidente norteamericano encuentran en economista canadiense una respuesta digna, sobria y, sobre todo, valiente.
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