José Rubinstein - El Siglo de Torrreón
Que la presidenta Claudia Sheinbaum se reúna con ocho economistas de primer nivel para analizar y corregir el rumbo de nuestra economía y días después con el gremio bancario, acompañados de la gobernadora del Banco de México, para abordar opciones de financiamiento para llevar a buen puerto el Plan México, no es un gesto menor ni protocolario, es en el fondo, un reconocimiento tácito de algo que ya no se puede ocultar: México está atrapado en un letargo económico. La presidenta busca la palanca para poner en movimiento la estancada economía del país. La incómoda pregunta es ¿por qué México no crece?
El crecimiento del PIB ha sido bajo durante décadas y peor aún, ha venido perdiendo impulso de manera persistente. No se trata de un tropiezo coyuntural, sino de un estancamiento estructural. La economía avanza, sí, pero lo hace con una parsimonia desesperante. El empleo no crece con fuerza y, cuando lo hace, suele concentrarse en actividades de baja productividad, lo que limita cualquier posibilidad de desarrollo sostenido. México ya supo crecer, lo hizo durante el periodo del desarrollo estabilizador, cuando la inversión, la industrialización y la planeación económica marcaron el rumbo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario