- Si el discurso generara crecimiento, México ya sería potencia mundial...
Por: Eduardo López Chávez* - El Economista
En mi colaboración anterior hablé de cómo México ha renunciado a ser potencia mientras se enamora cada vez más del populismo. Hoy, los datos confirman que esa renuncia ya no es simbólica: es económica.
Recientemente, el Inegi puso en cifras lo que muchos sentimos en el bolsillo. El PIB del tercer trimestre de 2025 cayó 0.3%, tanto en comparación con el trimestre previo como con el mismo periodo del año pasado. En otras palabras, no solo no estamos creciendo: la economía es marginalmente más pequeña. Y si entendemos que sin crecimiento no hay desarrollo posible, una contracción, por mínima que sea, solo dificulta aún más las cosas.
El dato sería grave por sí solo, pero lo es más cuando se desmenuza. Las actividades primarias, es decir, el campo, crecieron 3.2% y son lo único que da señales de vida, a pesar del descontento de productores y de los abusos en su contra, no solo desde el gobierno, sino también desde el crimen organizado. Paradójicamente, son ellos quienes han dado oxígeno a la economía mexicana en los últimos meses. En cambio, la industria cayó 1.5%, su peor tropiezo desde 2023, y los servicios apenas avanzaron 0.1%. Un país que sobrevive por la agricultura mientras la manufactura y el comercio se frenan no está transformándose… está retrocediendo.
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