René Delgado - El Siglo de Torreón
A causa de esa obsesión oficialista de anunciar iniciativas sin contar con ellas ni tener claro su propósito, concepto, diseño y posibilidad, el proyecto de reforma electoral lanzado por el gobierno arrancó mal: inició por animar la resistencia y sembrar la duda de si se quiere reformar o asegurar el poder.
Los errores cometidos antes y durante el lanzamiento de esa pretensión hacen pensar, incluso, que está destinada a no concretarse, pero sí a espolear la polarización a fin de evitar que el debate se centre en asuntos fundamentales, donde incide el peso y poder de Estados Unidos: seguridad y economía.
El absurdo de la situación generada es que, ciertamente, el sistema electoral y el régimen de partidos sí reclaman un ajuste profundo… si, en verdad, se quiere fortalecer sin encarecer la democracia y no sólo modelarla a los intereses del oficialismo.
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