León Bendesky - Periódico La Jornada
El dilema de la política monetaria en la Reserva Federal (FED) está dado, en general, por la confrontación de las condiciones del crecimiento económico y del empleo frente al comportamiento de la inflación, cuyo nivel está fijado en 2 por ciento anual.
El gobernador de la FED, Christopher Waller, consideraba a mediados de octubre del año pasado que la situación se enmarcaba en un robusto crecimiento de la producción y bajas tasas de desempleo, junto a una progresiva disminución de la inflación. La dinámica de este proceso, sin embargo, exigía un ajuste en las condiciones de la demanda y la oferta para que la desinflación llegara al nivel deseado y, además, que fuera sostenible. Los puntos de referencia eran la moderación del nivel de la actividad productiva, o bien, un ajuste por la vía monetaria mediante el instrumento de las tasas de interés.
En el primer caso se reducirían las presiones de lado de la demanda, provocando un balance más sustentable con la oferta. De ser así, según Waller, se podría mantener el objetivo de la tasa de interés de referencia y permitir la evolución de la economía durante un cierto periodo. En caso de que la demanda y la actividad económica siguieran al alza y presionando hacia arriba a los precios, esto necesariamente habría de tener un impacto en las decisiones sobre la tasa de interés. Hacia finales del año pasado se advertía que el ritmo del crecimiento de la economía estaba cediendo de una manera que se consideraba consecuente con el avance en el control de la inflación, aunque no necesariamente aún para alcanzar el nivel establecido en la política monetaria. Esto implicaba que persistía la incertidumbre en los términos del ajuste en el nivel de actividad económica, o sea, una mayor desocupación. Los ajustes son de modo invariable en términos de precios y cantidades.
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