Por: Arturo Damm Arnal - La Razón de México
Los impuestos deben usarse, nada más, para financiar las legítimas tareas del gobierno: prohibir y prevenir la violación de derechos; castigar y obligar a resarcir al violador; proveer los bienes y servicios públicos, que realmente lo sean (de cuyo consumo no sea posible excluir a alguien y cuyo consumo no genere rivalidad), y que realmente deban ser provistos por el Gobierno (ejemplo: alumbrado en las calles).
El problema, sobre todo para los contribuyentes, de cuyos bolsillos salen los impuestos, es que estos pueden usarse para muchas otras cosas, como, por ejemplo, para desincentivar la compra y el consumo de productos dañinos para la salud, como cigarros y refrescos. Se trata, en México, de los Impuestos Especiales sobre Producción y Servicios, IEPS, con los que se gravan, entre otras cosas, refrescos y cigarros, con la intención de reducir su compra y consumo.
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