Por Manuel Díaz / etcétera
Los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador José Ramón, Andrés (Andy) y Gonzalo (Boby), terminaron encarnando todo aquello que su padre decía combatir: ambición desmedida, sin escrúpulos, marcada por complejos, egoísmo y un deseo enfermizo de pertenecer a la élite que durante años criticó como “aspiracionista”.
AMLO se refirió en múltiples ocasiones a los “aspiracionistas sin escrúpulos morales”. Los describía como personas egoístas, que “le dan la espalda al prójimo”, carentes de principios solidarios y cuyo único objetivo era “ser como los de arriba”, bajo la lógica de que “el que no transa, no avanza”.
Paradójicamente, esa definición terminó pareciéndose más a la historia de sus propios hijos que a la de sus adversarios
Tal vez no sea casualidad. Como recordaba recientemente una entrevista rescatada del periodista Edmundo Cázarez, el escritor Carlos Monsiváis describía a López Obrador como un personaje dominado por “desmedidos sueños de grandeza”, comparándolo incluso con figuras como Julio César o Nerón.

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