Ciro Gómez Leyva - Sonora Presente
Lo último que supimos de Víctor Rodríguez Padilla fue en abril pasado, cuando, todavía como director general de Pemex, intentó lavarse las manos frente al desastroso derrame de hidrocarburos en el golfo de México. En lugar de asumir su responsabilidad, culpó a un director, un subdirector y un coordinador de la petrolera de haberlo malinformado.
La presidenta Sheinbaum —quien, desconfiada por el pésimo manejo de la crisis, ordenó crear un grupo oficial especializado— lo cesó semanas después, aunque le concedió una discreta salida administrativa. Queda la pregunta de cuáles eran los méritos de ese hombre para ganar la distinción de dirigir la principal empresa del Estado mexicano.
Lo que no sabíamos es que, por esos mismos días en que las agrupaciones ambientalistas documentaban el derrame y denunciaban las mentiras de Pemex, Víctor Rodríguez le propinó una golpiza a su esposa.
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