- La falta de transparencia de las autoridades sobre las causas y el origen del chapopote acentúa una tragedia que ha cubierto 230 kilómetros de costa
Paulina Flores Ramírez - México - El País
Playas, manglares, peces, tortugas y manatíes. Poco a poco, el petróleo lo ha cubierto todo. Cerca de dos semanas han sido suficientes para que la pegajosa sustancia negra impregnara todo en su camino. Su avance está lejos de ser silencioso. Desde que los primeros pescadores del Golfo de México denunciaron el hallazgo de chapopote en sus redes, cuando salieron a pescar el lunes 2 de marzo, la progresión no ha parado de ser documentada por las comunidades afectadas de Veracruz y Tabasco. Las llamadas de auxilio han caído, a juzgar por la reacción de las autoridades hasta ahora, en oídos sordos. Las escasas respuestas ante el último desastre ecológico que ha manchado ya 230 kilómetros de costa han llegado a cuentagotas.
Han pasado 11 días desde que se conoció la noticia del derrame, pero hasta el momento no ha habido ningún pronunciamiento desde Palacio Nacional. En Veracruz, donde se ubica la mayor parte de las localidades perjudicadas, la comunicación tampoco ha prosperado. Ante el incremento de los señalamientos, Rocío Nahle, gobernadora del Estado, optó inicialmente por un viejo refugio: la negación. Hace meses Nahle fue duramente cuestionada cuando, con decenas de muertos e imágenes devastadoras por culpa de las inundaciones en Poza Rica, afirmó que el río Cazones se había desbordado “ligeramente”. Hoy, volvió a la primera línea la estrategia de minimizar los hechos.



