- El secretario de Economía, uno de los perfiles fuertes del oficialismo para la sucesión presidencial, rebaja el ímpetu de sus aspiraciones para no generar fricciones en el Gobierno
Zedryk Raziel - México - El País
Marcelo Ebrard ha atemperado sus anhelos presidenciales. Un claro aspirante a la sucesión en Palacio Nacional en los —aún algo lejanos— comicios de 2030, Ebrard ha decidido mantener de momento un bajo perfil y concentrarse en sus labores como secretario de Economía en el Gobierno de Claudia Sheinbaum. La revisión del TMEC, el tratado comercial de América del Norte, frente a un voraz negociador como Donald Trump, le ha dado una importancia crucial a la figura de Ebrard, aunque los mayores reflectores recaen en la otra apuesta fuerte del oficialismo (y quien será quizá su mayor oponente en las internas de Morena): el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
Esa circunstancia, y saber que no es el favorito de Sheinbaum —a quien le disputó la candidatura para las presidenciales de 2024—, sitúa a Ebrard en una posición de cierta desventaja, que lo ha llevado a pisar con cautela el terreno político. El viernes, el funcionario dio una extraña declaración pública con la que pareció descartarse de la carrera a Palacio Nacional. “En este momento yo estoy concentrado en lo que estoy haciendo. Por favor, si quieres, quítame de la lista. Me harías un favor, quítame, bórrame. Yo estoy en mi trabajo”, dijo durante una rueda de prensa.







