- El despliegue de tropas en la zona de Texas y Tamaulipas ante un posible ataque contra personal de la Guardia Costera de Estados Unidos coincide con el aumento del uso de drones por parte de los cárteles.
Pablo Ferri - México - El País
Aumenta la tensión en la frontera entre México y Estados Unidos —esta vez en el lado oriental— debido a un incidente que ha llegado discretamente a la prensa. Hace diez días, personal de la Guardia Costera estadounidense que patrullaba la zona del Río Grande, entre Texas y Tamaulipas, intercambió disparos con presuntos hombres armados que cruzaban desde México. No se reportaron heridos ni fallecidos, pero las autoridades han lanzado operativos separados a ambos lados de la frontera, un despliegue que, en esencia, reaviva los temores de una intervención de Washington en territorio mexicano .
La misma historia se repite desde hace un año y medio: la misma amenaza de siempre desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Según la narrativa republicana, las actividades de las organizaciones narcoterroristas mexicanas representan un riesgo para los estadounidenses; si México no hace más para detenerlas, argumentan, lo haremos nosotros. México ha intentado demostrar su valía durante este tiempo, con deportaciones masivas de criminales al norte , arrestos de miembros de cárteles y políticos que colaboraban con ellos, y la implementación de operativos fronterizos. La respuesta siempre oscila entre el reconocimiento y nuevas exigencias.



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