- A Trump le resulta cada vez más difícil negociar un alto el fuego sin dar imagen de debilidad
- Las reservas de EEUU levan años agotándose y no hay indicios de que vayan a reponerse
- EEUU es el mayor exportador de crudo, pero el agotamiento de sus reservas lo deja sin colchón ante un shock
Matthew Lynn - elEconomista.es
No será nada comparable a lo ocurrido en 1973, cuando el presidente Nixon impuso el horario de verano durante todo el año para reducir el consumo de electricidad, así como un límite de velocidad de 50millas por hora en las autopistas. Tampoco es probable que veamos las restricciones en el uso de la calefacción o los planes de racionamiento de reserva que introdujo el presidente Carter en 1979. Las crisis del petróleo de la década de los 70 no solo pertenecían a una época diferente, sino que también eran de una magnitud distinta. Y, sin embargo, eso no significa que la economía estadounidense sea inmune a otra crisis, ni que no vayamos a ver una respuesta drástica por parte de la Casa Blanca, ya que, en realidad, EEUU podría quedarse fácilmente sin petróleo a finales de este año.
Si retrocedemos solo unas semanas, el mercado petrolero parecía haber decidido que la crisis del petróleo había terminado. Tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el precio del crudo Brent, el referente del sector, se disparó hasta cerrar en 120 dólares el barril, duplicándose en tan solo unos días. Hubo numerosas predicciones alarmistas que apuntaban a 200 o incluso 250 dólares por barril si la guerra se prolongaba y si el estrecho de Ormuz -la ruta de suministro crucial para el petróleo de Oriente Medio por donde pasa el 20% del crudo a nivel mundial- se cerraba al tráfico de petroleros. Al final, eso no sucedió. El petróleo se cotizó por encima de los tres dígitos durante unas semanas y, tras alcanzarse una tregua inestable, volvió a bajar hasta situarse en torno a los 70 dólares, un precio con el que la economía mundial puede convivir sin problemas.






