- La polarización y las narrativas políticas basadas en emociones y no en datos empíricos afectan el entorno para la rendición de cuentas. Ante eso, ya es hora de que la ciudadanía actúe.
Por: México Evalúa
Imagina que puedes pedir al Gobierno que el dinero público, que es de todos, sea supervisado de mejor manera para evitar desvíos, excesos o incumplimientos. Imagina que un trabajo que suele ser técnico, complicado y alejado de la supervisión ciudadana se diseña de tal manera que facilita un mejor ejercicio de los derechos fundamentales. Imagina que esto lo hace una institución con independencia política, profesionalizada y con autonomía técnica y de gestión. Esto, que parecería utópico, es lo que promueve la Organización Internacional de Entidades Fiscalizadoras (INTOSAI, por sus siglas en inglés).
Creada en 1953 en un contexto de posguerra y necesidad de reconstrucción, esta organización ha trabajado para que las instituciones encargadas de vigilar el uso y destino de los recursos públicos sean profesionales, independientes, capaces y que sean relevantes para la rendición de cuentas y el combate a la corrupción. Desde hace una década, INTOSAI, que agrupa a las auditorías superiores de 194 países, promueve que el trabajo de fiscalización no se limite a verificar si el dinero se gasta conforme lo que dice la ley. Más allá de eso, busca que además se evalúe si la ejecución de políticas y programas públicos “no dejan a nadie atrás” y se acercan a las metas establecidas en los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.






