- El fraude en los exámenes de admisión de la mayor universidad pública del país deja al descubierto un modelo muy desigual territorialmente y que concentra la demanda educativa en un puñado de instituciones
Aspirantes se manifiestan frente a la rectoría de la UNAM, en Ciudad de México, el 4 de agosto. Mario Guzmán (EFE)
Elena San José - México - El País
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) vive sus horas más bajas, con cientos de cuestionamientos sobre sus mecanismos de control tras el fiasco de los últimos exámenes de admisión. El salto a la modalidad en línea y a distancia, que arrojó resultados tan excelentes que resultaron inverosímiles, ha obligado a mirar con lupa el proceso en busca de la trampa masiva. Las aristas de esta crisis sin precedentes, sin embargo, siguen multiplicándose con el paso de los días, y a la discusión sobre los límites de la tecnología se suma un debate mucho más profundo sobre el sistema de educación superior en México. La ministra Lenia Batres criticó el mecanismo selectivo de la UNAM por neoliberal y la presidenta, Claudia Sheinbaum, ofreció abrir las puertas de la Universidad Rosario Castellanos a quienes fueran rechazados por el centro de estudios, una alternativa que inundó las redes de burlas, pero también de preguntas sobre las opciones reales de los estudiantes mexicanos. “Este episodio es relevante para la institución, pero más aún porque exhibe el problema de oportunidades educativas de todo el sistema. Ilustra las preferencias vocacionales y las limitaciones de espacios”, sintetiza Alejandro Canales, experto en políticas educativas de la UNAM.
El proceso de selección puesto en entredicho convocó a 158.000 aspirantes para un total de 22.000 plazas, es decir, solo uno de cada siete lograrán acceder a las aulas de la gran universidad pública de México. Esa competición feroz, además de explicar, al menos parcialmente, los incentivos para buscar ayudas externas, ilustra la gran concentración de la demanda en un puñado de instituciones encabezadas por la UNAM, a la que le siguen el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y algunas de las estatales. “El tema en la Ciudad de México no es de oportunidades, es de preferencias de los jóvenes por cierto tipo de instituciones y por cierto tipo de carreras”, valora Canales.
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