Por: Arturo Damm Arnal - La Razón de México
El T-MEC, como sucede con los tratados de “libre comercio”, ha dado como resultado un comercio entre mexicanos, estadounidenses y canadienses menos intervenido por los gobiernos, pero intervenido (malo), y con la posibilidad de una mayor intervención (peor). Para entenderlo hay que tener claro qué es el verdadero libre comercio.
El concepto libre comercio es redundante. El comercio siempre es libre: ni el comprador obliga al vendedor a vender, ni el vendedor obliga al comprador a comprar. El vendedor vende voluntariamente y el comprador compra voluntariamente, y lo hacen porque les conviene, porque valoran más lo que reciben que lo que dan a cambio, porque, gracias al intercambio, mejoran su bienestar.
El concepto libre comercio se refiere al comercio internacional, que no es comercio entre naciones, sino entre personas de distinta nacionalidad, y lo de libre se refiere a libre de intervenciones gubernamentales, que son, relacionadas con las importaciones, cuatro: prohibición (esto no puede importarse), permisos previos (esto sí se puede importar, pero con permiso del gobierno), cuotas (esto sí puede importarse, pero en determinada cantidad) y aranceles (esto sí se puede importar, pero pagando el impuesto).
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