Peniley Ramírez - Sonora Presente
Era febrero de 2025. Emilio Álvarez Icaza se encaminaba a un salón en la colonia Guerrero, en la CDMX, para presidir una asamblea. La organización Somos México buscaba afiliar nuevos integrantes para constituir un nuevo partido. Debía reunir al menos 200 asambleas en el país, con un mínimo de 300 afiliados por asamblea. Podían afiliarlos en papel, aunque no lo hicieron. Usaron una aplicación del Instituto Nacional Electoral (INE) que obliga a tomar una foto del nuevo militante, a recabar su firma y a escanear su documento de identidad. De repente, le avisaron a Álvarez Icaza: había un problema.
El encargado del salón había permitido que “alguien” metiera “veinte costales de cascajo”. El lugar era una polvareda. La representante del INE les advirtió: limpian en media hora o se cancela la reunión. Después, Álvarez Icaza, quien ahora será representante de Somos México ante el INE, supo lo que había pasado. “Nos llegó el mensaje de que el cascajo era un encargo especial de una líder local de Morena”, me dijo.
En los meses siguientes, ocurrieron otros eventos similares. El más grave fue un atentado contra la organizadora de una asamblea de Somos México en Oaxaca. En otro municipio de ese estado, cancelaron una asamblea porque el dueño “decidió cambiar el piso del lugar”. En Zacatecas, representantes del gobierno llegaron “milagrosamente” para ofrecer becas a niños, mientras Somos México afiliaba militantes. En el Estado de México, Morena organizó otra asamblea a una cuadra de la que hacía Somos México. Los vecinos, me dijo Álvarez Icaza, dijeron que “llegaron Servidores de la Nación amenazando con que quien fuera con nosotros perdería los programas sociales”.
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