Por:Arturo Damm Arnal - La Razón de México
La ventaja de las reglas, justas o injustas (¿respetan o no los derechos de las personas?), eficaces o ineficaces (¿generan o no en las personas la obligación ética de cumplirlas?), y para que sean eficaces deben ser justas, es que brindan seguridad. La gente sabe a qué atenerse.
En el ámbito de la economía, sobre todo por el lado de la producción, oferta y venta de bienes y servicios, la seguridad es indispensable, comenzando por la jurídica. Los empresarios deben saber, en cada momento, a qué atenerse. Conviene que las reglas, justas y eficaces, sean permanentes. Si son justas y eficaces no hay necesidad de cambiarlas, cambios que generan inseguridad, que genera desconfianza, que frena inversiones directas, de las que dependen la producción de bienes y servicios, la creación de empleos, la generación de ingresos, y, al final de cuentas, el bienestar de las personas, que depende de que tengan un empleo bien remunerado y de que la oferta de satisfactores sea, en términos de precio, calidad y servicio, la adecuada. Todo ello depende, en buena medida, de las inversiones directas, que dependen de la confianza de los empresarios, que depende de la seguridad, comenzando por la jurídica, que depende de leyes justas y eficaces.
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