José Narro Robles - El Siglo de Torreón
En las últimas cinco décadas, México ha vivido cambios que desafortunadamente no se consolidaron. Las oportunidades resultantes no se reflejaron en la solución de fondo de la mayoría de nuestros problemas de siempre. La pobreza, desigualdad, injusticia, desapego al Estado de Derecho, violencia, impunidad y corrupción, entre otros, se mantuvieron cuando no se agravaron. Varias de las transiciones que se presentaron —la demográfica, la económica y la política— no tuvieron el impacto que se hubiera deseado. Por supuesto que ha habido mejoras sustanciales en muchos de los indicadores de desarrollo, pero han sido insuficientes.
Nuestra demografía se transformó radicalmente. La población se incrementó en cerca de 73 millones al pasar de 59 a 132 entre 1975 y 2025. La esperanza de vida en ese periodo creció de 62 a 75 años. La edad mediana que era de 15 años ahora es de 30. El porcentaje de 65 años y más se triplicó. La natalidad disminuyó a la mitad. El número de hijos por mujer, cercano a seis, ahora es menor de dos. El llamado bono demográfico se diluyó y no se aprovechó con mucha más educación, empleo completo y salud.
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