Enrique Campos Suárez - El Economista
Cuando en abril de este año la presidenta Claudia Sheinbaum dio un giro pragmático para anunciar la apertura al fracking con capital privado, fue apenas un destello comparable con la ronda actual de dieciseisavos de final del Mundial. Una fase tan previa que, si bien emocionó a muchos, está lejos de llegar realmente a la fase final.
Fue muy positivo ver cómo la realidad económica hizo reaccionar al gobierno actual para despegarse, en el discurso, del dogmatismo del sexenio anterior y hablar de la posibilidad de implementar en México modelos de fracturación hidráulica para la extracción de gas de la mano de empresas privadas, ante el reconocimiento de que Petróleos Mexicanos no tiene ni la tecnología ni el capital para llevarlo a cabo.
ero, así como ese anuncio despertó expectativas positivas para el sector privado y para muchos analistas que entienden los cuellos de botella que enfrenta México en el sector energético, así también desató la rabia de los más radicales del ala dura de la administración anterior, que se han dedicado a tratar de minar esa posibilidad.
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