- La CFE opera desde 1982 la geotermoeléctrica Los Azufres en Michoacán. Cuatro décadas después, comunidades otomíes vecinas registran tasas alarmantes de enfermedad renal, arsénico en el agua y denuncias sin resolver. El gobernador culpó al consumo de refrescos.
HIDALGO, Mich. (Proceso).- Alrededor de los lavaderos comunales de San Matías el Grande, en el municipio de Hidalgo, mientras las mujeres restriegan ropa y trastes, niñas y niños de este pueblo otomí juegan en el agua cálida proveniente de los manantiales de El Tejocote y La Mora, que abastecen al poblado tanto para las labores de limpieza como para el consumo humano.
Pero en esos cuerpos de agua se ha detectado la presencia de arsénico y plomo que provienen de la geotermoeléctrica Los Azufres, operada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en la sierra de San Andrés.
Uno de cada tres niñas y niños de entre 10 y 12 años que chapotean en el lugar registran insuficiencia renal temprana, según los resultados arrojados por las pruebas de tamizaje realizadas el 8 de mayo pasado en tres escuelas de la comunidad.
Las pruebas se aplicaron a 61 alumnos en una acción coordinada por el Concejo Comunal, ante la falta de respuesta del gobierno del estado para que la Secretaría de Salud realizara estos estudios.

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