Samuel García - El Sol de México
Después de todo, el envejecimiento de México no provocará una crisis mañana, no dominará las redes sociales esta semana ni aparecerá en la mañanera como el tema más urgente del país. Por eso casi nadie habla de él.
Mientras la conversación pública gira alrededor de las arengas nacionalistas de Claudia Sheinbaum o sobre los colores de puentes y banquetas rumbo al Mundial, México se acerca silenciosamente a un punto de inflexión que definirá su futuro económico durante las próximas décadas.
El país está dejando atrás una de las mayores ventajas de su historia: una población joven y una fuerza laboral en expansión. Y lo está haciendo en las peores condiciones posibles.
México entra a la fase más acelerada de envejecimiento de su historia con productividad estancada, más de 55% de informalidad laboral, finanzas públicas al límite y un sistema de bienestar insuficiente para atender una población cada vez más longeva.
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