- Verónica Malo reflexiona sobre los filtros que construyen sociedades modernas, luego de que la UNAM detectara inconsistencias en exámenes de licenciatura y citara para una revisión presencial.
Veronica Malo Guznán - SPD Noticias
Hay escenas que retratan a un país entero.
Una de ellas ocurrió esta semana en la UNAM. La universidad detectó inconsistencias en más de mil exámenes de ingreso a licenciatura y citó a los aspirantes involucrados para una revisión presencial. Lo que siguió fue un desorden: protestas, presiones, gritos, altercados y actos de violencia que obligaron a suspender el procedimiento. La UNAM anunció además que emprenderá acciones legales contra quienes hayan participado en los hechos y contra quienes ofrezcan servicios fraudulentos de ingreso.
Pero la historia importante no es administrativa. Es cultural.
La pregunta no es cuántos hicieron trampa. La pregunta es por qué una parte de la sociedad reaccionó con indignación ante la posibilidad de que la Universidad revisara las irregularidades detectadas.
Es decir: alguien presenta un examen con anomalías y, cuando la institución intenta verificar qué ocurrió, la respuesta no es la colaboración, sino el enojo. Como si la revisión fuera el agravio y no las inconsistencias mismas.
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