Luis David Fernández Araya - Diario de Chiapas
Durante años, en materia de combate al crimen organizado, se ha insistido en que el dinero es el oxígeno del delito. Pero el oxígeno no se persigue con balas; se persigue con inteligencia, pero la pregunta que debemos hacernos hoy, desde la fiscalización superior y la prevención del lavado de dinero, es si realmente el Estado mexicano tiene la herramienta financiera adecuada para cortar ese oxígeno. Y la respuesta, vista la arquitectura institucional actual, es no.
Sin embargo, hay que reconocer que algo está cambiando, y ese algo tiene nombre y apellido, Omar García Harfuch.
Desde que asumió la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, el enfoque hacia las finanzas criminales ha dado un giro estratégico. No se trata ya de perseguir al delincuente en la calle, sino de perseguir su dinero en los expedientes bancarios, en las facturas apócrifas, en los contratos inflados que nadie cuestiona. García Harfuch lo ha dicho con claridad, para debilitar a las células criminales se buscará bloquear sus recursos siempre que haya una investigación que conduzca a actividades ilícitas financieras.
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