- Esta “desconexión” entre aprobación personal y desaprobación programática se ha reconocido, pero nunca explicado. En la Ciudad de México tuvimos un ejemplo
Ricardo Pascoe - El Heraldo de México
El gobierno siempre dice que todo mejora, y la percepción popular suele afirmar lo contrario. Las mediciones de opinión pública tienden a identificar y normalizar este “contraste” de opiniones con relación a la cosa pública. Desde tiempos remotos, cuando las encuestas encuentran que existe “aprobación” del Ejecutivo federal, también descubren la desaprobación de gran parte de sus políticas y programas.
Esta “desconexión” entre aprobación personal y desaprobación programática se ha reconocido, pero nunca explicado. En la Ciudad de México tuvimos un ejemplo de esto cuando la jefe de Gobierno, Clara Brugada, le pidió a los medios de comunicación “bajarle” a la nota roja, insinuando que la mala percepción popular sobre la inseguridad era culpa de los medios. Brugada presentó datos que, según ella, demostraban una reducción sensible en la inseguridad pública. Sin embargo, no encontraba la explicación de por qué la ciudadanía de la ciudad no comparte su optimismo. Y daba su versión: es culpa de los medios de comunicación que exageran los incidentes aislados de violencia en la urbe.
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