Samuel García - El Sol de México
La pérdida de 8,104 empleos formales en enero, junto con la caída de patrones registrados ante el IMSS, refleja un inicio de año con debilidad en el mercado laboral y una contracción anual de -2.5%. / Foto: Moisés Pablo Nava/Cuartoscuro.com
En enero, la inflación anual subió a 3.79%, desde 3.69% en diciembre. El dato, por sí solo, no sería preocupante si no fuera por lo que ocurre detrás: la inflación subyacente saltó a 4.52%, su nivel más alto en casi dos años. Ahí está el verdadero foco rojo, porque ahí están los precios que reflejan las presiones más persistentes y con menos “ruido” estacional. El golpe vino de las mercancías alimenticias por los incrementos en el IEPS, y de los servicios de alimentación y vivienda: rubros que pesan en el gasto de los hogares.
Con este arranque, la idea de una desinflación ordenada pierde fuerza. Incluso, los nuevos pronósticos de inflación del Banco de México se quedan cortos y parece más probable un cierre de año por arriba del 4%. Y no es sólo un efecto por el incremento de impuestos en algunos productos en el arranque del año: los costos laborales y las rigideces en los servicios y en las mercancías, a pesar del dólar débil, siguen empujando los precios. Así que, todo apunta a que la inflación -otra vez- tardará más en ceder de lo que sugiere el discurso oficial.
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