Rodrigo Pacheco - Dinero en Imagen
Hace unos días, en su análisis más reciente sobre México, Moody’s, una de las tres principales agencias calificadoras a nivel global, concluyó que la inversión se ha debilitado desde 2024 debido a la incertidumbre doméstica asociada a la reforma del marco institucional, particularmente la reforma al Poder Judicial, así como a presiones externas vinculadas a la política arancelaria de Donald Trump. Moody’s reconoció que el Plan México podría contribuir a remover algunos de los obstáculos que limitan el crecimiento; sin embargo, advirtió que, de mantenerse las actuales condiciones de incertidumbre, tanto internas como externas, será difícil que el país regrese a su tendencia de crecimiento de largo plazo cercana a 2%. Lo preocupante es que, antes de 2018, una tasa de crecimiento de 2% era considerada mediocre y la discusión giraba en torno a cómo alcanzar un crecimiento acorde con el potencial del país, que debería ubicarse de manera consistente por encima de 3%.
Diagnóstico correcto
El gobierno de Claudia Sheinbaum sabe que la economía se mantendrá ralentizada mientras no se revitalice la inversión, que en noviembre registró una caída anual de 5.7%. Bajo ese diagnóstico, la semana pasada el secretario de Hacienda anunció, durante la conferencia presidencial, un plan para detonar inversiones por 5.6 billones de pesos. Días más tarde, en el Museo Nacional de Antropología, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, habló de un portafolio de inversión estimado en 406 mil mdd. Ambas cifras, optimistas y de gran magnitud, fueron presentadas después de diversas reuniones convocadas por la Presidenta con banqueros y empresas, particularmente del sector automotriz.
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