Por: Ezra Shabot Askenazi - El Economista
Cuando un Estado pierde la capacidad de garantizarle a su población seguridad y derechos de propiedad, es cuando se habla de un Estado fallido. De hecho este concepto es el equivalente a la desaparición misma del Estado y a la existencia de una jungla humana donde únicamente el más fuerte sobrevive. Países como Somalia, Siria, e incluso la Venezuela de Chávez y Maduro entre otros, son espacios sociales carentes de lo mínimo necesario para asumirse como naciones con ley y protección a la propiedad de sus ciudadanos.
La forma de llegar a ese nivel de descomposición, requiere de un proceso de deterioro constante de las instituciones para finalmente dejar funcionando sólo la fuerza del más poderoso como único instrumento de control político. Por supuesto que todo esto viene acompañado de un empobrecimiento generalizado, una salida masiva de capitales, y la emigración de todos aquellos que tengan la más mínima posibilidad de encontrar otro país que los reciba legal o ilegalmente.
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