- Implicaría dinamitar el principal andamiaje comercial de América del Norte justo cuando la revisión formal de 2026 debería servir para fortalecerlo.
Coordenadas
Enrique Quintana - El Financiero
Como aquí le comentamos ayer, Bloomberg reveló que en el entorno de Donald Trump se sopesa seriamente la posibilidad de abandonar el T-MEC.
No se trata de una declaración al calor de un mitin, sino de filtraciones de su propio equipo económico. La señal, si fuera seria, sería grave: implicaría dinamitar el principal andamiaje comercial de América del Norte justo cuando la revisión formal de 2026 debería servir para fortalecerlo.
Pero lo que la Casa Blanca deja saber más bien como táctica de presión choca frontalmente con lo que amplios sectores del Congreso y del empresariado estadounidense consideran viable.
Ayer mismo, el Comité de Finanzas del Senado celebró la audiencia “The U.S.-Mexico-Canada Agreement: Evaluating North American Competitiveness”. El tono fue revelador. El presidente del Comité, el republicano Mike Crapo, recordó que el T-MEC fue aprobado por 89 votos contra 10, el respaldo más bipartidista para un tratado comercial en décadas, y subrayó que el comercio trilateral sostiene 13 millones de empleos en Estados Unidos. “No debemos permitir que lo perfecto sea enemigo de lo bueno”, advirtió, en un mensaje dirigido sin ambigüedad a quienes coquetean con dejar expirar el acuerdo. No fue un discurso de ruptura, sino de continuidad con ajustes.
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