- El crecimiento lo impulsan los hogares de renta alta y las grandes tecnológicas, mientras las pymes sufren
- El consumo de los más ricos y la inversión en IA y tecnología explican los buenos datos macroeconómicos
- Esta recuperación desigual aumenta el riesgo de burbujas financieras y genera un creciente descontento social
Gabriel Justiniano Vázquez - elEconomista.es
Los últimos datos confirman que Estados Unidos sigue siendo la locomotora de la economía mundial. Sin embargo, la imagen que ofrece no es la de una recuperación uniforme, sino la de una economía en forma de K: una parte avanza con fuerza, mientras otra se queda rezagada. Esta metáfora ayuda a entender por qué los indicadores muestran una realidad tan positiva, al mismo tiempo que muchos ciudadanos apenas notan la mejora en su vida diaria.
Los PMI son uno de los termómetros más rápidos de la actividad económica. Por encima de 50 indican expansión; por debajo, contracción. En Estados Unidos, tanto en servicios como en industria, estos indicadores se mantienen claramente en terreno positivo.
A primera vista, el mensaje es claro: la economía crece, el consumo resiste y el temido aterrizaje brusco no ha llegado, pese a las subidas de tipos de los últimos años. Pero detrás de estos números se esconde una realidad menos homogénea. El gasto está impulsado por estímulos fiscales, condiciones financieras todavía favorables y el efecto riqueza generado por la subida de la bolsa y la vivienda. Sin embargo, estos beneficios no llegan a todos por igual.

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