Julio Gutiérrez - Periódico La Jornada
El mundo ha cambiado con la digitalización. Hoy el robo ya no se comete con pasamontañas: llega por medio de correos impecables, enlaces que aparentan ser legítimos y contratos que se firman con un clic. En términos prácticos, no necesita violencia; al ladrón virtual le basta con ganarse la confianza de una sola persona para provocar desfalcos multimillonarios.
Estudios publicados por diversas firmas especializadas en ciberseguridad lo confirman. En Latinoamérica, región en la que se incluye a México, los ciberataques y los fraudes dejaron de ser un tema excepcional.
Latinoamérica no sólo adoptó con rapidez las plataformas digitales, los pagos electrónicos o las firmas de contratos a la distancia; también asumió, sin dimensionarlo del todo, la exposición permanente a un ecosistema criminal que opera a la misma velocidad o incluso más rápido que la innovación tecnológica.

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