domingo, 8 de febrero de 2026

Remesas: el fin de la inercia

Valeria Moy - IMCO

FOTO; VICTORIA VALTIERRA/CUARTOSCURO.COM

Durante más de una década, las remesas —esos recursos que provienen de los mexicanos que viven en el exterior, principalmente en Estados Unidos— funcionaron como una especie de estabilizador automático para la economía mexicana. Entre 2013 y 2024, estos flujos casi se triplicaron, pasando de poco más de 23.000 millones de dólares a casi 65.000 millones.

En ese periodo, las remesas no solo compensaron la debilidad del mercado laboral interno, sino que se convirtieron en una de las principales fuentes de divisas del país, superando incluso a los sectores tradicionales de exportación y casi duplicando en ciertos años los recursos recibidos vía inversión extranjera directa (IED). Por cierto, desde 2018 los flujos recibidos por remesas han sido superiores —por mucho— a los recibidos por IED.

Sin embargo, 2025 marcó un punto de inflexión: tras 11 años consecutivos de crecimiento, las remesas recibidas en México cayeron 4,6% anual, al ubicarse en 61.791 millones de dólares. El dato no solo es relevante por la magnitud del flujo, sino por lo que revela del modelo implícito que se construyó alrededor de él. Durante años se asumió que las remesas crecerían casi de manera automática, impulsadas por una economía estadounidense dinámica y una población migrante estable. Benditas remesas.

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