Por: Fausto Pretelin Muñoz de Cote - El Economista
El presidente Donald Trump no tiene pudor alguno al haber borrado la frontera entre terroristas y jueces internacionales; sus intereses le impiden ser consistente al decir que los europeos “censuran a estadounidenses”, pero en su casa alienta a los dueños de CBS a modificar sus contenidos.
Una de las fuentes de la discrecionalidad son los dogmas, otra, los intereses económicos. Trump apoya a los autócratas digitales para que arrasen el mundo de las normas que protegen, por ejemplo, contra la pederastia digital, del abuso de monopolios o del sorteo de obligaciones fiscales.
“Volaba en el jet privado de Mark (Zuckerberg) el día en que por fin entendió que probablemente Facebook había colocado a Donald Trump en la Casa Blanca y extrajo de ello sus propias conclusiones sombrías”, escribe Sarah Wynn-Williams, la otrora diplomática de Facebook, en su libro Los irresponsables: una historia real de poder, codicia y falso idealismo (editorial Península).
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