martes, 23 de diciembre de 2025

La pasividad mexicana

Francisco Martín Moreno - Sonora Presente

Cortés no se apoderó de Tenochtitlán a cañonazos el 8 de noviembre de 1519, todo lo contrario: el capitán general fue invitado por Moctezuma Xocoyotzin a alojarse en el ostentoso palacio de Axayácatl, su difunto padre, en Tenochtitlan, rodeado de lujos, comida, medicamentos y mujeres durante 235 días verdaderamente encantadores. Los mexicas, en su desesperante pasividad, estaban obligados a alimentar y a curar a tlaxcaltecas y huejotzingas, los aliados de Cortés, entre otros grupos de indígenas más, que permanecían en las afueras de la capital del imperio sin que el gran tlatoani ordenara sacrificarlos y desollarlos en el Templo Mayor, instrucción que jamás llegó.

Cuitláhuac, el héroe ignorado, logró finalmente vencer y expulsar temporalmente a los conquistadores y a sus partidarios, supuestamente invencibles, en la noche de la alegría, mal llamada “Noche Triste”.

¿Más pasividad durante 300 años del virreinato? La guerra de independencia no estalla como consecuencia del hartazgo de los habitantes de la Nueva España en contra del dominio peninsular hispano, no, el movimiento detona en razón de la invasión napoleónica en España. El propio Hidalgo gritó en Dolores: ¡Viva Fernando VII! ¡Claro que hubo brotes indígenas de rebeldía a lo largo del virreinato, pero los invasores y sus aliados, se impusieron para siempre!

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