- Estados Unidos ya reveló su diagnóstico: un México débil, con cárteles que operan como actores terroristas transnacionales, es un riesgo directo para su seguridad nacional. Ignorar esta lectura sería ingenuo.
Eduardo Guerrero Gutiérrez - El Financiero
Como lo mencioné en este espacio hace un par de semanas, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos coloca a México en el centro de la seguridad norteamericana. Washington ya no nos ve sólo como un socio comercial, sino como un pilar indispensable para frenar a los cárteles, contener la migración, proteger cadenas de suministro y colaborar en la contención de potencias rivales. El mensaje del Tío Sam es claro: México deberá asumir nuevas responsabilidades. La pregunta es si lo haremos con una agenda propia o si sólo reaccionaremos a las presiones externas.
Si México actúa a la defensiva, la asimetría entre ellos y nosotros crecerá. Pero si tomamos esta coyuntura como una oportunidad histórica, la presión estadounidense podría convertirse en nuestra palanca para reconstruir —finalmente— nuestras enclenques instituciones de seguridad y justicia; reconstrucción que México ha postergado por décadas. Desde una perspectiva histórica, hoy están alineadas en México tres condiciones que elevan significativamente nuestras probabilidades de éxito si emprendemos una reforma profunda, de largo alcance.
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