lunes, 29 de diciembre de 2025

Crecimiento o simulación: México rumbo al 2026

  • Parte I: Sin crecimiento no hay desarrollo (aunque lo disfracen de humanismo)

Por: Eduardo López Chávez - El Financiero

"Repartir pobreza no es humanismo; es renunciar a crecer". — Macraf

Una de las trampas más eficaces —y más útiles para la política— en el debate económico mexicano es minimizar la importancia del crecimiento. Se repite con insistencia que el PIB “no lo es todo”, que no mide desigualdad y que no refleja bienestar. Todo eso es cierto. Lo que resulta profundamente engañoso es usar esa afirmación como pretexto para justificar un modelo que, en los hechos, renuncia al crecimiento y pretende sustituirlo con narrativa social. Y lo más delicado es que esta renuncia no es una discusión académica: es un problema que México se lleva cargando rumbo a 2026, con márgenes cada vez más estrechos.

El PIB no mide justicia social, pero sí mide algo elemental: la producción de bienes y servicios dentro de una economía. Y eso no es una abstracción tecnocrática; es la comida que llega a la mesa, el transporte que mueve mercancías, la energía que permite producir, la vivienda disponible, la educación y la salud que pueden pagarse, y el empleo que sostiene a una familia. Al final del día, el desarrollo económico —esa idea tan citada y tan mal entendida— no es otra cosa que mejorar la calidad de vida. Y esa calidad de vida se expresa, primero, en la capacidad de acceder a más bienes y servicios, mejores y de mejor calidad. Si el país no produce suficiente y no eleva productividad, esa mejora es imposible. Se puede repartir ingreso un tiempo, sí, pero no se puede repartir lo que no existe de manera sostenida.

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